Lo que se consignó en este diario el lunes pasado está infelizmente a punto de suceder: el operador presidencial y periodista Horacio Verbitsky conquistaría también para su pequeño imperio un instrumento delicado del Estado como es la Unidad de Investigación Financiera (UIF). Mientras Néstor Kirchner hace campaña en la provincia de Buenos Aires, repartiendo subsidios y anunciando obra pública, Verbitsky pretende gobernar la oficina encargada de vigilar y denunciar las operaciones de lavado de dinero. Tiene sede en el Ministerio de Justicia.
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Su candidato, el que más posibilidades tiene hoy de quedarse con el cargo, es Julio Postiglione. Este abogado ya oficia como segundo en la intervención de la Policía Aeronáutica, colaborando con Marcelo Saín, el jefe del equipo que armó Verbitsky para cuestiones de seguridad. Saín ya fue titular de la UIF y ahora reconquistaría el área a través de quien lo secunda.
Reducir el currículum de Postiglione a estas vinculaciones sería empequeñecerlo. También es yerno de la embajadora en Venezuela y ex esposa del dirigente de la organización Montoneros Juan Manuel Abal Medina, Nilda Garré, quien jamás ocultó su vocación por las investigaciones. Tanta, que la acercó a la SIDE de Hugo Anzorreguy.
Verbitsky vino limpiando el camino de su ahijado desde hace un par de domingos en «Página/12». Lo hizo castigando a los eventuales competidores de Postiglione para el cargo. Elemental.
• Materias estratégicas
Verbitsky ha tendido un cerco alrededor de Kirchner en materias estratégicas ( seguridad, inteligencia, defensa, justicia), al cual el Presidente con docilidad se adaptó. Ni qué decir de Alberto Iribarne, el ministro de Justicia, quien -tal vez por sus antecedentes como segundo de Carlos Corach y como jefe de Policía de Eduardo Duhalde- se siente inhibido de insinuar siquiera un límite para quien podría contestar con castigos en las páginas del diario oficial.
Ahora el entornista Verbitsky consiguió que su candidato esté a las puertas de una oficina sobre la que existen cada día más expectativas en el contexto internacional, en la medida en que crece el interés por determinar los circuitos financieros que terminan por solventar actividades criminales, sobre todo al terrorismo. Ideal tarea para confiarla, por vía de Postiglione, a alguien como Verbitsky: un ex integrante de una organización terrorista, los Montoneros, que secuestró a empresarios y «lavó» los fondos derivados de esas operaciones en los circuitos «revolucionarios» que a fines de los '70 se ofrecían en América latina y en Medio Oriente. ¿Qué mejor para controlar las nuevas formas de sostén económico del terrorismo que confiar la faena a gente que conoce tan bien el delito que ahora persigue?
Para Verbitsky y los suyos, la UIF constituye una ventana muy apetecible hacia zonas sensibles de la vida económica: el sistema financiero, por ejemplo. Una tarea de gobierno más que relevante, mientras el Presidente se conforma con juntar votos y en un momento en que, en el afán de perseguir delincuentes, comienzan a reblandecerse las garantías que el Estado mantuvo durante más de un siglo sobre la privacidad de las personas. En este sentido, la UIF tal vez sea sólo un paso antes de que el «verbitskismo» dé el zarpazo sobre la SIDE, objetivo final de las curiosidades de estos investigadores. Ya está cerca: su actual jefe, Héctor Icazuriaga, abandonaría el cargo a fin de mes para ocupar el Ministerio de Acción Social.
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