18 de mayo 2006 - 00:00

Zannini, confesor de quejas kirchneristas

Carlos Zannini
Carlos Zannini
Resigandos a que Néstor Kirchner no sólo no los agasajará en Olivos -como hacía Carlos Menem-, sino que, ni siquiera, los reciba en la Casa Rosada, los diputados del kirchnerismo degustan como un manjar exótico que un ministro los escuche una madrugada de mitad de semana.

Es lo que ocurrió, el martes, en el Círculo de Legisladores, sobre la calle Bartolomé Mitre, hasta donde llegó -con atraso, como su archirrival Alberto Fernández- Carlos Zannini, «custodio de la firma de Kirchner» y, en sus ratos libres, ideólogo de algunas conspiraciones.

En ese salón los esperaban, ya cenados, unos 60 diputados nacionales, entre los que figuraban casi todos los protokirchneristas: aquellos que se arrimaron al patagónico en épocas pasadas cuando el poder circulaba por otras manos (las duhaldistas).

Con el tiempo, la historia cambió al menos en un aspecto: el poder y sus derivados ya no relucen entre herederos de Eduardo Duhalde, sino que están en manos «pingüinas» que, sin embargo, no son las de ellos. Lamento inevitable, luego de empanadas, asado y tinto natural.

Invitó y cosechó elogios y reproches José Manuel Córdoba, santacruceño de Caleta Olivia, gremialista del petróleo y encargado de convencer a Zannini de que tenía que sentarse con los diputados, tarea de confesor que nadie en el gobierno quiere cumplir.

Dos horas agotaron, entre plato y plato, los diputados en evaluar la situación del bloque del Frente para la Victoria (FpV) y luego, ya con Zannini sentado, en escuchar los planteos del funcionario.

  • Relevante

    A continuación, lo más relevante de lo conversado:

  • Inevitables las quejas contra Agustín Rossi -que Zannini escuchó y, con sutileza, dejó correr- pero, como balance general, a pesar de que entre los proto-K anidan quizá los más crueles enemigos del santafesino, se cuestionó la forma de conducción pero se valoró su «empeño». Rossi no estuvo allí para defenderse: alguien perdió oportunamente su invitación o, como se explicó luego, prefirieron no invitarlo para no someterlo a un zamarreo innecesario.

  • Tampoco hubo bonaerenses en la cena, salvo la platense Elda Agüero, excepción que nadie logra justificar con solidez. En cambio, fue ostensible e intencional que se excluya a los comisarios de Kirchner en el Congreso, Carlos «Cuto» Moreno y Dante Dovena, a quienes bautizaron «Los ángeles de Kirchner» porque, casi religiosos -ironizan- «invocan» cada dos palabras el apellido presidencial como si fuese una clave mágica. No está probado científicamente pero quizá lo sea. «Qué hacen? ¿Qué papel cumplen?», se preguntaban, maliciosos, antes de que llegue Zannini que convivió (y no del mejor modo) con «Cuto» cuando éste era su segundo en Legal y Técnica.

  • Tras los reproches sobre Rossi y el dueto Moreno-Dovena, antiguos socios como Rubén Daza, Hugo Perié, Stella Maris Córdoba, «Juanchi» Irrazábal, Daniel Gallo, Osvaldo Nemirovsci y José Mongeló, junto a otros de «kirchnerización» posterior como Blanca Osuna o José «Pepe» Figueroa -que se quejó de que la Casa Rosada lo «ignora»- se juramentaron que volverán a pelear por la conducción del bloque y que, por ahora, es tiempo de esperar una mejor oportunidad. ¿Amenaza real o desvaríos de sobremesa?

  • Zannini, a su turno, se encargó de invitar a la «plaza del sí» y hacer, como si hablara ante un consejo empresarial extranjero, una defensa de las principales medidas del gobierno. Tuvo, eso sí, una gentileza inusual en el planeta K: agradeció la colaboración de los diputados y que, en muchos casos, voten leyes que quizá no comparten en plenitud. Con esa migaja, les dibujó una sonrisa a todos los presentes que reaccionaron igual -con concurrencia más masiva- cuando el año pasado, el anfitrión fue Julio De Vido y, seguramente, moverían los mismos músculos de la cara si la citación fuera para cenar con Alberto Fernández quien, a diferencia de Zannini, no parece tener a ningún diputado que le organice una cena como invitado especial.
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