A comienzos de 2026, el Guinness World Records reconoció oficialmente al Gran Anillo como la estructura arquitectónica de madera más grande del mundo. La obra se emplazó cerca del mar en el corazón de la Expo Osaka-Kansai que culminó en octubre último, en Japón, y funciona como la columna vertebral del predio ferial.
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Construcción y diseño: cómo es y dónde queda el Gran Anillo, la mayor obra de madera del mundo
Demandó una inversión de u$s230 millones y 27.000 m3 de madera, esta estructura innovadora y monumental reconvierte la forma de edificar a gran escala.
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Imagen aérea del Gran Anillo, la obra de madera más grande del Globo y está en Japón, una estructura jamás vista para exposiciones
No se trata solo de una pieza icónica por su escala, sino de una infraestructura pensada para ordenar el movimiento de millones de visitantes, ofrecer protección climática y transmitir un mensaje claro sobre arquitectura sustentable, tradición constructiva y diseño contemporáneo.
Con casi 2 kilómetros de recorrido y una superficie construida que supera los 61.000 metros cuadrados, el Gran Anillo se despliega como un circuito continuo que rodea los principales pabellones de la exposición. Su función resulta clave dentro del evento: organiza el flujo peatonal, conecta las distintas áreas del predio y actúa como una guía espacial intuitiva, sin jerarquizar ni aislar sectores.
La estructura se ubica en la isla artificial de Yumeshima, en la ciudad de Osaka, donde se desarrolló la Expo 2025 entre abril y octubre del año pasado. Durante esos seis meses, el Gran Anillo operó como la principal vía de circulación del predio, permitió un desplazamiento fluido y constante del público, incluso en jornadas de alta concurrencia.
Además de ordenar la circulación, la obra ofrece resguardo frente a la lluvia, el viento y la radiación solar, un aspecto central en una exposición de larga duración y gran afluencia.
Inversión alta
El proyecto implicó una inversión estimada en 34.400 millones de yenes, equivalentes a unos u$s230 millones. La magnitud económica del desarrollo refleja tanto la escala de la obra como la complejidad técnica y logística que demandó su ejecución.
No se trata de un pabellón aislado, sino de una infraestructura urbana de gran porte, pensada para operar durante meses con millones de personas en simultáneo.
El diseño general, el proyecto final y la supervisión de obra estuvieron a cargo del arquitecto japonés Sou Fujimoto, con la participación de Tohata Architects & Engineers y Azusa Sekkei Co., Ltd. Desde su concepción, el Gran Anillo fue pensado como una pieza capaz de sintetizar tradición y contemporaneidad, tecnología y oficio, monumentalidad y calidez material.
Sistema constructivo
Uno de los rasgos más distintivos del proyecto es su sistema constructivo. La obra combina métodos modernos de ingeniería con técnicas tradicionales japonesas, en particular el uso de las juntas nuki, un sistema ancestral empleado desde hace siglos en templos y santuarios.
En este método, las vigas y columnas de madera se cruzan y encastran con precisión, formando un entramado resistente sin necesidad de tornillos ni clavos visibles.
Este tipo de ensamblaje, que se apoya en el conocimiento artesanal y en la exactitud del trabajo en madera, fue adaptado a una escala inédita. Para cumplir con las exigencias actuales de seguridad, especialmente en un país con alta actividad sísmica, el sistema se complementó con refuerzos metálicos estratégicamente ubicados. De este modo, la estructura conserva la lógica tradicional, pero suma recursos contemporáneos que garantizan estabilidad y durabilidad.
La inspiración histórica del proyecto remite de manera directa al Kiyomizudera, el Monasterio del Agua Pura, un templo budista ubicado en Kioto y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Ese edificio es célebre por su estructura de madera sin elementos metálicos visibles, un ejemplo emblemático de la arquitectura japonesa tradicional llevada a su máxima expresión.
Grandes volúmenes de madera
En el caso del Gran Anillo, esa lógica se traslada al ámbito de una infraestructura masiva, pensada no para el recogimiento, sino para el tránsito constante de personas. El resultado es una reinterpretación contemporánea de técnicas históricas, aplicada a una escala urbana y con una función completamente distinta.
La materialidad es otro de los ejes centrales del proyecto. La construcción demandó más de 27.000 metros cúbicos de madera, un volumen sin precedentes para una obra arquitectónica de estas características.
La elección de estas especies no solo responde a criterios estructurales y estéticos, sino también a una decisión estratégica vinculada a la industria forestal y al mensaje ambiental del proyecto. La madera, expuesta y protagonista, aporta calidez visual y sensorial, en contraste con la lógica más dura del acero y el hormigón que domina habitualmente las grandes infraestructuras feriales.
El diseño del Gran Anillo se apoya en el concepto de “Unidad en la diversidad”, eje rector de la Expo 2025 Osaka-Kansai. La estructura funciona como un marco común que alberga culturas, tecnologías y propuestas diversas, sin imponer jerarquías ni recorridos obligatorios.
En lugar de cerrar o fragmentar, el anillo ordena y conecta, actuando como límite simbólico y guía espacial al mismo tiempo.
Su traza y el impacto en la distribución de los visitantes
Desde el punto de vista urbano, la obra cumple un rol operativo esencial. Su traza circular permite distribuir de manera equilibrada los flujos de visitantes, evitar cruces congestionados y facilitar la orientación dentro de un predio de grandes dimensiones.
La repetición rítmica de los elementos estructurales refuerza la legibilidad del espacio y acompaña el desplazamiento del público.
Más allá de su condición de récord mundial, el Gran Anillo propone una experiencia arquitectónica particular. El recorrido continuo, la relación constante con el entorno y la presencia dominante de la madera generan una percepción espacial distinta, más cercana y sensorial, incluso dentro de un evento de escala global.
Una obra monumental en números
Las dimensiones explican por sí solas el carácter excepcional del proyecto:
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Longitud total: casi 2 kilómetros de circunferencia.
Superficie construida: más de 61.000 m2.
Diámetro interior: aproximadamente 615 metros.
Diámetro exterior: alrededor de 675 metros.
Ancho del corredor: cerca de 30 metros.
Altura: 12 metros en el interior y hasta 20 metros en el exterior.
Volumen total de madera utilizada: 27.000 m3.
Quiénes lo construyeron
El diseño general, el desarrollo del proyecto y la supervisión de obra estuvieron a cargo del arquitecto japonés Sou Fujimoto. En la ejecución participaron estudios y firmas especializadas en ingeniería y arquitectura, entre ellas Tohata Arquitectos e Ingenieros y Azusa Sekkei Co., Ltd., responsables de adaptar el diseño a los requerimientos técnicos y estructurales de una obra de esta magnitud.
La construcción sustentable demandó un volumen inédito de madera para una estructura arquitectónica de estas características. Del total de 27.000 metros cúbicos empleados:
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Cerca del 70% corresponde a madera local japonesa.
Se utilizaron principalmente cedro japonés (sugi) y ciprés hinoki.
El 30% restante se completó con pino silvestre importado.
Si bien la lógica del sistema remite a técnicas ancestrales, la obra incorpora refuerzos metálicos en puntos estratégicos. Estos elementos permiten cumplir con los estándares actuales de seguridad, especialmente en un país con alta actividad sísmica como Japón. El Gran Anillo de Osaka está a 500 kilómetros de Tokio, la capital nipona.












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