En la tradicional misa celebrada por monseñor Jorge Luis Lona en la Catedral, quien recibió de la Iglesia el tratamiento protocolar de intendente fue el dirigente opositor Daniel Pérsico, ya que se le asignó el lugar que ocupa habitualmente el jefe comunal de la capital.
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En cambio, María Angélica Torrontegui -la dirigente justicialista que responde al oficialismo provincial y que reconocida como intendente por la Justicia provincial- debió conformarse con ubicarse en la segunda línea. La primera de la otra fila de reclinatorios fue otorgada a la vicegobernadora Blanca Pereyra, quien representó al gobernador Alberto Rodríguez Saá.
Separados por un pasillo de dos metros, estuvo además la delegación oficial del gobierno provincial y, detrás de Pérsico, la mayoría de los dirigentes opositores que ahora conviven en la Multisectorial. Este dato hubiese pasado inadvertido de no existir la pelea por el poder municipal y el fuerte enfrentamiento entre el gobierno provincial y el conglomerado de partidos políticos y gremios opositores por la intendencia, entre otros ejes.
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Para Torrontegui, «fue una ofensa innecesaria» no haberle concedido el sitial que las reglas de ceremonial ordenan. De todos modos, la dirigente ocupó un lugar entre los funcionarios y allí permaneció durante todo el oficio religioso.
Al menos hasta anoche, los festejos populares -que incluyeron eventos deportivos y culturales paralelos, uno de ellos con la presencia de Chaqueño Palavecino- se desarrollaban sin incidentes y con una alta participación popular.
En otro orden, la Policía provincial inició ya una investigación por la aparición -anteayer en un baño de la Casa de Gobierno- de un granada de uso militar y de un dispositivo con todas las apariencias de un explosivo, aunque no en condiciones de estallar. Un episodio que fue considerado como un acto intimidatorio por el gobierno provincial.
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