20 de junio 2003 - 00:00
San Pedro: un bello paseo por riberas prehistóricas
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Antes de internarse en el río Paraná en busca de los pejerreyes y bagres del otoño, fue buena idea sumergirse en el bestiario del museo para incentivar el afán aventurero. Para los meses calurosos, en tanto, abundarán surubíes y taruchas, otros monstruos que habitan en las aguas.
Mientras la embarcación deja atrás la Laguna de San Pedro y el puerto de la ciudad -donde descarga sus mercancías un gigantesco barco llamado Galaxy Harvest-, el guía de pesca Juan Ghiselli discute con otro experto pescador, Enrique Gómez, las técnicas más apropiadas para esta zona del río, frente a las costas entrerrianas.
«Esto no es absolutismo», dice Ghiselli al timón, y con un dejo socrático da a entender que nunca se termina de aprender a pescar, aun prestando atención a las técnicas de los costeños. A estribor, dos pescadores comerciales sobre un bote sacan de las redes los lomos plateados de las bogas.
Si bien el río es uno de los principales atractivos de San Pedro, a apenas 154 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, esta localidad de 55.000 habitantes especializada en la fruticultura, también guarda espacio para la historia, la gastronomía y el turismo de estancia.
A 19 kilómetros del casco histórico -donde se conservan casas antiguas-, se encuentra el paraje de Vuelta de Obligado, lugar donde tuvo lugar el 20 de noviembre de 1845 la famosa batalla entre la flota anglo-francesa y las baterías apostadas por Juan Manuel de Rosas que pusieron cadenas al río. Allí hay un monumento y variadas vistas del Paraná junto a una reserva natural.
Amén de los asados camperos que abundan en la pampa húmeda, los visitantes claman por una pieza de repostería que los naturales de San Pedro adoptaron de los inmigrantes de Mallorca, la ensaimada.




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