2 de julio 2008 - 00:00

Sta. Cruz: Peralta admite diferencias con Kirchner

Santa Cruz - Desde el ojo de la tormenta por los intensos cortocircuitos entre ambos, el gobernador justicialista Daniel Peralta debió salir a asegurar que «no hay ningún distanciamiento» con Néstor Kirchner, aunque admitió que tienen «puntos de vista diferentes».
Probablemente más sincero, en paralelo, el ex mandatario y otrora kirchnerista Sergio Acevedo reconoció -tras un en sostenido silencio general de radio- que renunció al cargo en marzo de 2006 porque el por entonces presidente Kirchner «también quería ser el gobernador».
Las dos postales reflejan el drama institucional que vive Santa Cruz, que acumula en sólo poco más de dos años dos renuncias de gobernadores, un interinato y un actual mandato signado por los encontronazos con la Casa Rosada, todo a partir de la pretensión de Kirchner de continuar digitando las riendas de su provincia natal.
«Tengo puntos de vista diferentes en algunos casos, pero no implica que tengamos diferencias en lo personal y mucho menos que se afecte la relación institucional entre el gobierno nacional y el gobierno de Santa Cruz», dijo Peralta, además de enfatizar que si bien no «piensan» igual en «muchas cosas», forman parte de un partido en el que se puede «discutir adentro». «Y el presidente (del PJ nacional) tiene cosas mucho más importantes en su agenda que discutir con un viejo amigo», abundó, en declaraciones difundidas por «El Patagónico».
Sin embargo, ayer advirtió en un acto público que «la provincia tiene soberanía política con el gobierno nacional, al cual apoyamos»., y se mostró con el obispo de Río Gallegos, Juan Carlos Romanín, crítico del kirchnerismo.
En los últimos meses recrudeció la tensión entre ambos caciques, en una compulsa donde se dirime quién dirige verdaderamente los hilos del poder. Se trata de una sorda batalla que el actual titular del PJ libra, en rigor, desde que abandonó la provincia en 2003 para pegar el salto a la Casa Rosada.
Lo confirmó en las últimas horas el ex mandatario Acevedo, quien en marzo de 2006 renunció al cargo, en tácito desacuerdo con el vacío de poder con el que lo castigaba Kirchner desde Balcarce 50 (la muerte del policía Jorge Sayago, un mes antes, fue sólo la gota que rebalsó el vaso).
Se sinceró al respecto Acevedo en declaraciones a una radio local. «Yo tenía una puja político-institucional con Kirchner, que era el presidente, donde él también quería ser el gobernador; (pero) a mí me parecía que poner a la sociedad de Santa Cruz en un enfrentamiento entre el gobernador y el presidente, sin lugar a dudas, no la iba a beneficiar».
«Eso fue lo que me llevó a tomar la decisión de dejar de ser gobernador y renunciar, porque francamente me parecía que no íbamos a llegar a un buen camino ni íbamos a tener posibilidades de entendernos», agregó, según «Opi Santa Cruz». Acevedo reconoció que ya había diferencias entre ambos sobre «el sector público en cuanto a la política salarial, la Ley de Emergencia Económica, el Impuesto a las Ganancias -que creo que es un impuesto al trabajo cuando lo pagan los trabajadores- y el petróleo».
«Ya ahí era una cuestión muy irreconciliable; entonces a mí me parecía que íbamos a estar en una situación de un conflicto institucional de una gravedad muy fuerte, que de ninguna manera iba a beneficiar a nadie», agregó, además de considerar que «el silencio y el tiempo son los mejores consejeros para la reflexión de todos y también para que la historia saque sus conclusiones», probablemente en referencia a su silencio tras el portazo en el cargo.
Tras la partida de Acevedo -quien sorpresivamente fue invitado por Cristina de Kirchner a la inauguración de una cementera en Pico Truncado el pasado viernes, aunque no asistió- asumió el muy dócil Carlos Sancho, quien sobrevivió al frente de la gestión sólo hasta mayo de 2007, cuando debió dar un paso al costado por la escalada de protestas sociales. Fue entonces cuando Kirchner casi imploró a Peralta que asumiera el poder, temeroso de que el kirchnerismo pudiera perder en las elecciones santacruceñas de octubre, a manos de un megafrente opositor que luego virtualmente implosionó.
El ex interventor se plebiscitó luego en las urnas. Hoy, su pretensión de mantener un perfil independiente de los humores del matrimonio del poder desata la inquina del ex presidente, además de una desconfianza que es mutua: en el entorno de Peralta hay quienes están convencidos de que Kirchner intentará volver a conducir la provincia en 2011.
Mientras tanto, sigue siendo muy sugestiva la novedosa y activa participación pública del vicegobernador Hernán Martínez Crespo, quien esta vez se reunió con la senadora nacional ultrakirchnerista Judith Forstmann para analizar el espinoso tema del tratamiento en el Congreso Nacional de las polémicas retenciones móviles.
Estratégico, Peralta volvió a esquivar un pronunciamiento público (en rigor, Kirchner lo acusa de «decir una cosa en Buenos Aires y otra en Río Gallegos» sobre el conflicto del campo).
Ayer, en tanto, el gobernador se anotó otro elemento de rispidez con la Casa Rosada. Tal como lo adelantó ya este diario, puso en marcha una nueva estructura ministerial, que incluye la flamante figura del jefe de Gabinete -juró Pablo González- y un área de la Producción elevada a ministerio, en plena pelea con el campo, que quedó en manos de Jaime Alvarez.

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