En las guerras siempre hay vencedores y derrotados. Y en esta última, la que el mundo ha estado librando contra el nuevo coronavirus, China toma la delantera. La potencia asiática, que llegó a 2020 sufriendo los embates de la batalla comercial perpetrada por Estados Unidos, es la única potencia que se despide del año con un Producto Bruto Interno (PBI) positivo y proyecta una recuperación intensa en 2021 en torno del 8,2%, de acuerdo con las últimas previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero el viento a favor no es suficiente: el Gobierno de Xi Jinping concluyó que la desglobalización no se detendrá tras la pandemia y que el recambio en la Casa Blanca no garantizará un relajo a las restricciones contra Pekín. China buscará ser más autosuficiente.
China amuralla su economía en búsqueda de la autosuficiencia
El Gobierno de Xi Jinping descree que el recambio en la Casa Blanca anule la guerra comercial y apostará por la producción y el consumo interno como herramienta para el desarrollo.
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Con su plan, Pekín intentará mantenerse lo más protegido posible de las turbulencias externas.
Varios motivos explican el crecimiento. La primera, el rápido control que tuvieron sobre la pandemia, pese haber sido escenario de su origen. Mientras el covid-19 se expandía en Occidente, China continental reportó por semanas cero contagios locales. Asimismo, el Gobierno comunista dio luz verde a grandes inversiones públicas y concedió ayuda estatal a empresas para evitar despidos (y la tan temida convulsión social).
En octubre, la tasa de desempleo urbana fue del 5,3%, 1,1 punto porcentual menos que en febrero, cuando se aplicaban restricciones al movimiento, de acuerdo con cifras del Buró Nacional de Estadísticas (BNE) citadas por la agencia Xinhua.
Abanderada
Además, entre los países del G20 China fue el único donde el comercio de bienes se recuperó a niveles previos a la debacle actual: las exportaciones aumentaron el 9.6% en el tercer trimestre, un efecto impulsado por la venta de insumos sanitarios, según un balance de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Esta recuperación, no obstante, no genera tranquilidad. El Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh) aprobó a mediados de noviembre su hoja de ruta económica para los próximos cinco y quince años con los que pretende duplicar su crecimiento. El plan, que será presentado oficialmente en marzo que viene, sopesa la autarquía tecnológica y el desarrollo del mercado interno.
El gran dragón buscará así atenuar el peso del comercio exterior en su economía, dando un giro al modelo que prima en el país desde que Deng Xiaoping lanzó la reforma y la apertura en 1978. “Es un ajuste que incorpora una respuesta a los desafíos asociados a las tendencias confrontativas de los últimos años, pero no se traduce en un carpetazo a la apertura, que proseguirá su ritmo”, dijo el sinólogo español Xulio Ríos a Ámbito. “Este nuevo paradigma de desarrollo, llamado ‘circulación dual’ no implica revertir el rumbo”, agregó el director del Observatorio de la Política China.
Para aplicar el plan China debe resolver sus problemas de desarrollo insuficiente y desequilibrado, especialmente entre áreas urbanas y rurales, escribió Fan Peng en Global Times, el diario en inglés del Diario del Pueblo del PCCh.
Los esfuerzos implementados por el Gobierno comunista desde 1982 contra la pobreza transformaron la distribución poblacional y en 2012 los sectores urbanos superaron a la rural por primera vez en la historia. Este movimiento fue uno de los motores de la erradicación de la pobreza, pero el éxodo del campo a la ciudad sigue planteando desafíos. Cada vez que un campesino se muda a una ciudad de manera espontánea, es decir, sin contar con un permiso habilitante llamado “hukou”, no obtiene los mismos derechos que un ciudadano que lleva certificado de residencia oficial, que le permite acceder a ayuda en salud y educación. Así, los que van por la libre quedan en una posición vulnerable y propensos a caer en la indigencia.
Peng considera primordial que China fortalezca la educación y el bienestar social. “Solo de esta manera China podrá crear un poder de consumo más fuerte y una clase media estable”. “Esto alterará las fuerzas conservadoras de la sociedad a las que no les gustan los cambios importantes”, afirmó.
Con todo, el cambio no implica el fin de la apertura. “China necesita del mundo exterior para afianzar su desarrollo y también el mundo necesita de China para su prosperidad”, subrayó Ríos a este periódico.
“El PBI per cápita de China superó los 10.000 dólares y su población de ingresos medios suma más de 400 millones de personas. La ‘sociedad modestamente acomodada’ de China será más consumista y otras economías del mundo tendrán ahí nichos importantes de oportunidad”, concluyó.
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