Durante los últimos años, el mercado de motos de media y alta gama atravesó una transformación profunda. El perfil del usuario cambió, las expectativas se elevaron y los criterios de compra se volvieron más complejos. En un escenario donde la movilidad urbana convive con escapadas, viajes y usos mixtos, la moto dejó de ser solo una cuestión de potencia o diseño para convertirse en una decisión atravesada por tecnología, seguridad, conectividad y desempeño.
Motos de media y alta gama: qué busca hoy el usuario y qué define la compra en el nuevo mapa de mayor cilindrada
La elección de motos gira en torno a la tecnología como prioridad. Precios, claves para decidir y tendencias del mercado dentro de la movilidad urbana.
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Federico H. Vacas, presidente de la Cámara de Fabricantes de Motovehículos (CAFAM), describió este proceso como una maduración del consumidor. “El comprador pasó de enfocarse casi exclusivamente en la estética o la potencia a evaluar una experiencia integral”, explicó. Según su análisis, el usuario actual investiga, compara a nivel global y exige una propuesta completa que incluya tecnología, respaldo de marca y una red de postventa confiable.
Este cambio de mentalidad impactó de lleno en la oferta. Las marcas ajustaron sus portfolios y el mercado empezó a ordenar sus prioridades. La tecnología dejó de ser un diferencial aspiracional para convertirse en un estándar esperado, incluso en segmentos intermedios.
Tecnología como punto de partida
En motos de media y alta gama, el equipamiento tecnológico ya no funciona como argumento comercial aislado. Se transformó en la base mínima desde la cual el usuario evalúa el resto de las variables. Vacas fue claro al respecto: “El sistema ABS ya no es un lujo. Es un requisito básico que el cliente da por sentado. Los modelos que no lo incorporan quedan fuera de competencia”.
A ese piso tecnológico se sumó la iluminación Full LED, los tableros digitales de alta visibilidad y una electrónica cada vez más presente. Control de tracción, modos de manejo y acelerador electrónico pasaron a integrar el paquete que el comprador considera razonable para el segmento.
Desde CFMOTO, Micaela Fernandes da Cruz, Brand Manager de la marca, coincidió en ese diagnóstico. Señaló que el usuario actual “espera motos más completas, con tecnología aplicada al uso real y no reservada solo para modelos tope de gama”. En ese sentido, explicó que la estrategia de la marca apuntó a ofrecer electrónica de serie en gran parte de su portfolio, alineada con desarrollos globales y experiencia en competición.
La tecnología, sin embargo, no aparece desligada del uso cotidiano. El comprador no busca complejidad innecesaria, sino soluciones que aporten control, previsibilidad y una conducción más segura tanto en ciudad como en ruta.
Seguridad: de complemento a eje central
La seguridad ganó un rol protagónico frente a variables tradicionales como la potencia o el diseño. Si bien estos factores siguen siendo claves para despertar el deseo, ya no alcanzan por sí solos para cerrar una operación.
“La potencia sin control perdió sentido para el comprador actual”, sostuvo Vacas. En su lugar, la seguridad activa se volvió un criterio decisivo. Sistemas de frenado eficientes, control de tracción y ayudas electrónicas pasaron a ser percibidos como una red que permite disfrutar del desempeño con mayor confianza.
Fernandes da Cruz reforzó esa mirada al señalar que muchos usuarios priorizan la previsibilidad del comportamiento dinámico por sobre cifras puras. “La seguridad pesa tanto como la potencia, y en muchos casos incluso más”, afirmó. Según explicó, la elección se apoya cada vez más en componentes de calidad, referencias técnicas claras y desarrollo probado.
Este enfoque también impactó en el diseño. Lejos de oponerse a la seguridad, la estética empezó a dialogar con soluciones funcionales. El diseño sigue siendo una puerta de entrada emocional, pero la decisión final se apoya en el paquete técnico de las motos.
Conectividad y experiencia digital
La conectividad sumó una nueva capa a la experiencia de uso. En motos de media y alta gama, la integración con dispositivos móviles dejó de ser un accesorio para convertirse en parte del ecosistema del producto.
Funciones como la navegación proyectada en el tablero, la gestión de llamadas, la reproducción de música o el registro de datos de conducción aportaron comodidad y redujeron distracciones. Para muchos usuarios, especialmente aquellos que combinan movilidad urbana con viajes, estas herramientas mejoraron la seguridad y la experiencia general.
Desde CFMOTO explicaron que la conectividad no define por sí sola la compra, pero completa la propuesta. Fernandes da Cruz señaló que la marca incorporó sistemas de vinculación de serie porque el usuario “espera que la moto esté integrada a su vida digital de manera simple y funcional”.
La conectividad, en este contexto, no compite con la performance. La acompaña y la potencia, aportando información y control en tiempo real.
Urbana premium o adventure: dos lógicas, un mismo usuario
Dentro del segmento, la oferta se diversificó. El crecimiento de las motos urbanas premium y de las adventure de cilindrada media reflejó la evolución del uso real.
Lourdes Durán, Brand Marketing Manager de Zanella, explicó que una moto urbana premium prioriza la comodidad, la maniobrabilidad y el confort para el día a día. Altura de asiento accesible, postura relajada y equipamiento pensado para la ciudad definen este tipo de propuestas.
Según detalló, el usuario urbano también evolucionó. “Ya no busca solo moverse en la ciudad, sino sumar versatilidad para autopista o escapadas”, señaló. Esa demanda impulsó el desarrollo de scooters de estilo adventure, que combinan facilidad de manejo con mejores prestaciones para trayectos más largos.
En el otro extremo, las adventure de cilindrada media apuntan a un uso más amplio. Posición de manejo erguida, suspensiones de mayor recorrido y ergonomía pensada para viajes largos las convierten en una opción atractiva para quienes priorizan rutas, caminos mixtos y escapadas frecuentes.
Peso, ergonomía y manejo real
Más allá del equipamiento, variables como el peso, la altura del asiento y la maniobrabilidad influyen de manera directa en la decisión de compra. En ciudad, un conjunto liviano y accesible facilita las maniobras y reduce el cansancio. En trayectos largos, una postura estable y una ergonomía cuidada aportan seguridad y confort.
Durán explicó que los scooters adventure lograron un equilibrio interesante al cubrir ambos escenarios. En cambio, las adventure de cilindrada media ofrecen mayor estabilidad y control cuando el uso se vuelve más exigente.
Estilo de vida y la moto
Durán agregó que otro cambio relevante en el perfil del usuario está vinculado a la forma en que incorpora la moto a su estilo de vida. “Vemos un consumidor que ya no piensa la moto como un objeto aspiracional aislado, sino como una herramienta que tiene que adaptarse a distintos momentos del día y a diferentes contextos de uso”.
En ese sentido, destacó que la versatilidad se convirtió en un valor central, incluso para quienes utilizan la moto principalmente en entornos urbanos.
Según Durán, el comprador actual busca soluciones que le permitan resolver la rutina diaria sin resignar confort ni tecnología, pero que al mismo tiempo le den margen para ampliar su experiencia cuando el uso se expande. “Hay una demanda clara por productos que ofrezcan una transición natural entre ciudad, autopista y escapadas, sin exigir un cambio radical en la forma de manejo”, señaló.
Esa lógica, sostuvo, explica por qué muchos usuarios priorizan ergonomía, facilidad de conducción y equipamiento funcional por encima de prestaciones extremas.
Además, remarcó que el diseño sigue siendo importante, pero ahora cumple un rol más estratégico. “La estética tiene que comunicar robustez, modernidad y tecnología, pero siempre alineada con una experiencia de uso real. El usuario identifica rápidamente cuando el diseño responde a una necesidad concreta y no solo a una cuestión visual”.
Mercado más racional, precios y estilo de vida
El consenso entre los referentes es claro: el usuario de motos de media y alta gama se volvió más racional, informado y exigente. Compara, analiza y prioriza valor por sobre precio. Busca productos equilibrados, con tecnología aplicada al uso real y respaldo de marca.
En términos de precios, el segmento muestra una amplitud marcada. En urbanas premium, especialmente en scooters por encima de 200 cc, los valores de mercado rondan los $11.000.000. En ese contexto, Zanella posicionó modelos por debajo de ese promedio, con propuestas que apuntan a ampliar el acceso al segmento, como la la Cruiser 300 ADV Extreme, en $7.290.000, y acerca esa experiencia premium a un público más amplio.
En adventure de cilindrada media, los precios suelen ubicarse en torno a los $15.000.000, en función del equipamiento y la versatilidad. También hay otras marcas que comienzan en $9.000.0000.
Desde CAFAM destacaron el impacto positivo de la producción local y los esquemas industriales. Según Vacas, estos factores permitieron ofrecer motos con estándares internacionales a valores más accesibles, fortalecieron la demanda interna y dinamizaron el mercado automotor vinculado a las dos ruedas.
Vacas concluyó: “El crecimiento del segmento se explica porque el usuario entiende que una moto bien equipada no solo ofrece más disfrute, sino también más seguridad y previsibilidad. Ese cambio de mirada llegó para quedarse”.







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