25 de agosto 2020 - 00:00

A rodar

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La semana pasada comenzaron las reuniones entre el Gobierno y las terminales de ADEFA para ir definiendo el cupo de unidades que tendrá cada una para ingresar vehículos al país hasta fin de año. Esta semana se sumó el segmento de los distribuidores de marcas importadas, agrupados en CIDOA. Los encuentros virtuales se vienen llevando con el secretario de Industria, Ariel Schale. Es poco lo que se puede contar de estas reuniones porque son a fines informativos y protocolares. Es decir, no se toman decisiones. Las empresas le presentan al funcionario los planes de producción y de exportación -en los casos que corresponda- y de importación. Acá, sí, para todos. Recién después de esta ronda de “meetings”, cada una tendrá noticia de sus posibilidades de importación.

Para las fábricas radicadas en el país, la situación es más alentadora. Según las estimaciones que manejan tanto las empresas como los funcionarios, desde septiembre hasta fin de año deberían ingresar unas 80.000 unidades importadas para poder llegar al mercado previsto de 290.000 vehículos. Ese es el número al que aspiran y se cree posible con un abastecimiento lógico. Si baja de 80.000 habrá que recortar el volumen final. Hay que tener en cuenta que si no hay oferta de vehículos importados la demanda no se traslada de manera directa a los de producción nacional debido a que los modelos son distintos y quien busca determinado modelo no lo sustituye por otro de características diferentes. Por eso, la idea de fomentar la compra de vehículos nacionales trabando importaciones, se choca con las preferencias de los consumidores. Algunos alertan por la reacción que puede tener Brasil ante una medida que restrinja sus exportaciones a la Argentina. El 70% de los 0 km que se venden en el país tienen ese origen. Es por eso que el ministro Matías Kulfas no quiere que se hable de “cupos” -como tituló en primicia Ámbito al adelantar la medida- porque esto viola lo acordado con el país vecino y las normas de la OMC. Prefiere -como hizo decir a los diarios Clarín y La Nación- hablar de “acuerdos” o “administración” de importaciones. Sutilezas políticas. De todas maneras no se cree que haya una queja oficial de Brasil por la aplicación de cupos mientras no afecte el volumen global de lo que pensaban venderle a la Argentina. Claro que los reclamos pueden venir desde las empresas si alguna considera que, en esa distribución de cantidades, queda en desventaja con la competencia. Para eso habrá que esperar que se reparta la asignación de vehículos y se fíltre la información.

Distinta es la situación de las marcas importadas. Si bien el volumen del mercado es mucho menor (representa entre 3% y 5% de las ventas totales), estas importaciones no forman parte del acuerdo con Brasil, por lo que se puede hablar abiertamente de cupo. En este caso, se les informará cuánto podrán importar y, de esa manera, organizar su actividad para los ´próximos meses. Algunos empresarios creen que este es el mal menor e intentan mantener buena relación con el Gobierno. Otros, en cambio, saben que su futuro es delicado. “Nos van a decir que podemos importar tanta cantidad de autos y a las semanas nos van a decir que no pueden cumplir con lo prometido. Más allá de lo ideológico, el problema es que no tienen dólares y cerrará la canilla a medida de que la situación empeore”, comentó ofuscado un importador. Para esa conclusión tajante, le bastó recordar lo que sucedió en la última parte de la anterior gestión kirchnerista cuando, permanentemente, les modificaban la cuota de dólares que recibían, según la evolución de las reservas. Es por eso que algunas marcas estiman el escenario más duro para no ilusionarse en vano. La consecuencia de todo esto, como se vienen registrando, será un desabastecimiento en aumento, listas de espera y aumentos de precios transaccionales. Nada nuevo, sólo aggiornado en versión 2020.

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