El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, denunció un supuesto fraude en las elecciones legislativas del martes y pidió investigar una presunta injerencia extranjera, en medio del avance histórico de los partidos árabes. Con 53 de las 120 bancas proyectadas, su bloque quedó lejos de la mayoría parlamentaria, mientras la oposición busca alianzas para intentar desplazarlo del poder.
Benjamin Netanyahu denunció un supuesto fraude electoral y apuntó contra Qatar tras el avance árabe en Israel
El bloque del premier consiguió 53 de las 120 bancas y quedó lejos de la mayoría. La oposición busca acuerdos con las fuerzas árabes para desplazarlo.
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Netanyahu y el poder de sobrevivir a sus propias crisis
Benjamin Netanyahu quedó lejos de la mayoría parlamentaria tras las elecciones legislativas de Israel.
El Likud, el partido del premier, aseguró que los comicios fueron manipulados, aunque no presentó pruebas públicas. La controversia escaló luego de que el presidente del Comité Central de Elecciones, el juez Noam Sohlberg, solicitara al servicio de inteligencia Shin Bet investigar una posible intervención extranjera. Por el momento, las autoridades electorales señalaron que no hay indicios de irregularidades sistemáticas.
Netanyahu denunció una supuesta injerencia extranjera
“¡Las elecciones en Israel han sido robadas!”, sostuvo el Likud, que acusó a los responsables de una presunta interferencia de buscar “facilitar una toma extranjera del Parlamento, la islamización de Israel y el derrocamiento del gobierno de derecha”.
El exjefe militar Gadi Eisenkot, principal rival de Netanyahu, también respaldó la investigación, aunque reclamó que avance sin prejuicios: “La implicación extranjera en el Estado de Israel es algo inaceptable y gravísimo, especialmente cuando se trata de un país que financia y apoya a la organización Hamas”, afirmó. Además, pidió sancionar a quienes hayan afectado la integridad electoral, pero advirtió sobre la importancia de respetar el calendario institucional. La investidura de la nueva Knesset está prevista para el 10 de noviembre.
Qatar por su parte, rechazó las acusaciones: “Negamos firmemente las acusaciones de que Qatar haya interferido en las elecciones israelíes o financiado cualquier actividad para influir en su resultado”, declaró el vocero de la Cancillería, Majed al Ansari. El funcionario calificó las denuncias de “ridículas y peligrosas” y acusó a dirigentes israelíes de impulsar una campaña de desinformación.
Un Parlamento sin mayorías claras
Los resultados proyectados muestran un escenario complejo para la formación del próximo gobierno. El bloque de Netanyahu obtendría 53 escaños, frente a los 48 que reuniría el espacio opositor encabezado por Eisenkot. Los dos principales partidos árabes, la Lista Conjunta y Ra’am, sumarían 19 bancas, casi el doble de su representación actual. Para alcanzar la mayoría se necesitan 61 diputados.
Aunque el Likud fue la fuerza individual más votada, el resultado no garantiza la continuidad del premier. La distribución de los escaños abre la posibilidad de que las formaciones árabes respalden a la oposición, aunque las diferencias políticas todavía dificultan un acuerdo.
La votación estuvo marcada por una participación elevada de los ciudadanos árabes de Israel, que representan cerca del 21% de la población. Sus dirigentes atribuyeron la movilización al rechazo a las políticas del gobierno y al aumento de la discriminación y la incitación contra su comunidad.
El papel de los partidos árabes en las negociaciones
La principal incógnita es si Eisenkot podrá reunir los apoyos necesarios para formar un Ejecutivo alternativo. Durante la campaña, el exjefe militar había descartado inicialmente una alianza con partidos árabes por considerar que no compartían sus valores, entre ellos el reconocimiento de Israel como un Estado judío y democrático.
Sin embargo, el respaldo de las 19 bancas árabes podría elevar el bloque opositor a una mayoría potencial de 67 escaños. Yousef Jabareen, dirigente de la Lista Conjunta, sostuvo que los 12 diputados proyectados de su formación podrían contribuir a desplazar a Netanyahu. Aun así, descartó integrar un gobierno encabezado por Eisenkot debido a su respaldo a la ofensiva en Gaza y a la ocupación del sur del Líbano.
La Lista Conjunta dejó abierta la posibilidad de apoyar desde afuera a un gobierno minoritario. Entre sus prioridades figuran combatir la delincuencia en las localidades árabes, ampliar las oportunidades económicas y reanudar las negociaciones para crear un Estado palestino.
Por su parte, Ra’am, liderado por Mansour Abbas, mantiene una postura más abierta a integrar directamente una coalición. En 2021, el partido se convirtió en la primera formación árabe independiente en sumarse a un gobierno israelí, durante el breve Ejecutivo de Naftali Bennett. Abbas afirmó que ya mantuvo conversaciones con dirigentes del espacio de Eisenkot y expresó su disposición a negociar.
Las acusaciones contra Qatar y la crisis política
Las denuncias electorales se producen en un contexto de vínculos complejos entre Netanyahu y Qatar. El año pasado, dos asesores del premier fueron detenidos por presuntamente recibir pagos de ese país, que durante años financió proyectos en la Franja de Gaza con el respaldo tácito del gobierno israelí. Doha también cumple un papel central en las negociaciones entre Israel y Hamas.
El presidente Isaac Herzog reclamó una investigación exhaustiva, pero advirtió sobre el riesgo de estigmatizar a toda la comunidad árabe. En paralelo, el director general interino del comité electoral, Dean Livne, afirmó que no existen fundamentos para sostener que hubo violaciones sistemáticas. Las conclusiones de la investigación se esperan en el plazo de una semana y los resultados deben certificarse antes del 4 de noviembre.
La crisis refleja las profundas divisiones políticas y sociales de Israel, atravesado por las tensiones entre judíos y árabes, las disputas entre sectores laicos y religiosos y los desacuerdos sobre la guerra y el futuro de los territorios palestinos.
Una eventual salida de Netanyahu también podría reabrir dos frentes delicados para el premier: los procesos judiciales por corrupción que enfrenta desde hace años y una posible investigación sobre las fallas de seguridad que permitieron el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023.
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