El electorado israelí parece haber rechazado firmemente a Benjamín Netanyahu y a su coalición de extrema derecha. Las encuestas a boca de urna del 27 de octubre sugieren que el partido Likud del primer ministro perdió alrededor de una cuarta parte de los 32 escaños que obtuvo en las elecciones de 2022 y que su coalición quedará al menos diez escaños por debajo de la mayoría en la Knéset, el Parlamento israelí de 120 bancas. Sin embargo, el señor Netanyahu, que lleva un total de 19 años en el cargo y aspiraba a formar un séptimo gobierno sin precedentes, no parece dispuesto a aceptar la derrota.
Los votantes israelíes le niegan la mayoría a Benjamin Netanyahu
Las encuestas a boca de urna indican que el Likud perdió cerca de una cuarta parte de los 32 escaños que había obtenido en 2022 y que la coalición del primer ministro quedaría al menos diez bancas por debajo de la mayoría parlamentaria. Pese al revés electoral, Netanyahu no parece dispuesto a aceptar la derrota.
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Netanyahu lleva un total de 19 años al frente del Gobierno israelí y aspiraba a formar un séptimo Ejecutivo, un hecho sin precedentes.
El promedio de las encuestas a boca de urna de The Economist otorga a los partidos de la oposición 70 escaños en la próxima Knéset, frente a 50 del bloque de Netanyahu. Yashar, un partido de centroderecha relativamente nuevo liderado por Gadi Eisenkot, un exgeneral, obtuvo apenas menos escaños que el Likud, pero el señor Netanyahu tuvo que canibalizar a sus propios socios de coalición para asegurar la mayor proporción de votos para su partido.
Seguimiento electoral israelí
No obstante, al señor Eisenkot le resultará difícil formar un gobierno. La participación de los árabes israelíes fue mucho mayor de lo habitual y parece que están en camino de obtener hasta 18 escaños. Eso supondría un récord de representación árabe en la Knéset. La oposición necesitará al menos a uno de los partidos árabes para alcanzar la mayoría. Pero el señor Eisenkot se ha mostrado reacio a decir que los incluiría en cualquier coalición. Uno de sus posibles socios, Avigdor Lieberman, líder del partido nacionalista Yisrael Beitenu (Israel Nuestro Hogar), descartó categóricamente incluso depender de su apoyo para un gobierno minoritario.
Las encuestas a boca de urna se han equivocado en el pasado, sobre todo en 1996, cuando parecía que el señor Netanyahu había perdido, solo para terminar imponiéndose a la mañana siguiente. Pero esta vez la diferencia parece demasiado amplia. La mayoría de los votos debería estar contabilizada para el miércoles por la mañana, aunque quizá un 10% no se cuente hasta el jueves (principalmente, los votos emitidos por soldados y otras personas que no votaron en sus centros habituales). En el sistema israelí de representación proporcional, pequeños movimientos en la proporción de votos de los partidos pueden afectar la distribución de escaños y determinar si un partido supera el umbral electoral del 3,25%. Esto podría cambiar drásticamente el panorama general. Por el momento, sin embargo, ninguno de los 11 partidos que obtuvieron escaños parece estar al borde de esa situación.
Una conclusión es prácticamente indudable. El señor Netanyahu no podrá formar una coalición similar a la que gobernó Israel durante los últimos cuatro años. El primer ministro recibió un duro revés de los votantes, ante todo, por los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, que ocurrieron durante su mandato. Hizo todo lo que estaba a su alcance para retrasar las elecciones hasta la última fecha permitida por la ley, pero nada logró recuperar su popularidad.
Sus rivales intentaron aprovechar esta vulnerabilidad y señalaron que todos los jefes de seguridad que estaban a cargo el 7 de octubre renunciaron. El señor Eisenkot, cuyo hijo y dos sobrinos murieron en la guerra de Gaza, comenzó la jornada electoral en la frontera israelí con Gaza, en Nir Oz. El kibutz fue atacado el 7 de octubre y una cuarta parte de sus residentes fueron asesinados o tomados como rehenes. Acompañó a Gadi Mozes, que estuvo cautivo durante 16 meses en Gaza, hasta el centro de votación de Nir Oz.
Muchos votantes también expresaron su rechazo a los socios de Netanyahu pertenecientes a la comunidad ultraortodoxa. Su gobierno destinó grandes sumas de dinero a esa comunidad, incluso para sus escuelas, que se niegan a enseñar materias generales. El gobierno también les permitió quedar exentos del servicio militar. Los israelíes laicos sintieron que esta era su última oportunidad de arrebatarle el control a una minoría que, a su juicio, no contribuye a la economía ni a la seguridad del país. Decenas de miles de israelíes expatriados, en su mayoría de tendencia liberal, también regresaron en avión para votar.
La participación de los votantes árabes aumentó considerablemente en comparación con las elecciones de 2022: pasó de alrededor del 53% a por lo menos el 65%. Las políticas de Netanyahu y de su ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, defensor de la supremacía judía, ayudan a explicar este aumento. Incluso el día de las elecciones, la extrema derecha avivó la histeria contra los árabes. En Jerusalén y otras ciudades, automóviles con altavoces recorrieron las calles exhortando a la gente a salir y “salvar nuestro hogar” de los votantes árabes.
Nada de esto significa que el señor Netanyahu vaya a aceptar la derrota sin resistencia. Sus adversarios esperan que cuestione la legitimidad del resultado, centrándose especialmente en el voto árabe. El día de las elecciones recurrió repetidamente a las redes sociales para afirmar que la izquierda y los árabes estaban “robándose las elecciones”. La Comisión Electoral Central informó que no hubo interrupciones generalizadas ni intentos de manipular los resultados.
El señor Netanyahu, como primer ministro interino, también podría intentar aprovechar su control sobre la política militar de Israel para aferrarse al poder. Está ansioso por lanzar una nueva serie de ataques contra Irán, posiblemente junto con Estados Unidos, y ha ido aumentando la tensión en Cisjordania ocupada. Una conflagración en cualquiera de esos frentes podría generar presión sobre algunos de los partidos de la oposición para que se sumen a un gobierno de emergencia bajo su liderazgo.
¿Nueva coalición o nuevas elecciones?
Una vez que se finalicen los resultados, comenzarán las negociaciones para formar una coalición. La próxima semana, el presidente de Israel, Isaac Herzog, se reunirá con representantes de los partidos para escuchar sus apoyos a los candidatos a primer ministro. Luego decidirá quién tendrá la primera oportunidad de formar un gobierno. Este proceso podría durar hasta tres meses y quizá no conduzca a ninguna parte. Para que el señor Eisenkot forme un gobierno, probablemente los integrantes de su bloque tendrían que abandonar su oposición a trabajar con los partidos árabes, a los que acusan de no condenar con suficiente firmeza los ataques palestinos, incluidos los del 7 de octubre. Por otro lado, un “gobierno de unidad” integrado por partidos judíos parece inviable debido a los desacuerdos sobre la exigencia de los partidos ultraortodoxos de aprobar una ley que mantenga la exención del servicio militar para los estudiantes haredíes.
Incluso después de haber perdido la mayoría de su coalición, el señor Netanyahu tiene dos ventajas en este proceso. En primer lugar, es probable que todos los partidos de su coalición saliente lo propongan ante el señor Herzog. En segundo lugar, cuanto más se prolonguen las negociaciones, mayores serán las posibilidades de un estancamiento que obligue a celebrar nuevas elecciones a comienzos de 2027. Eso le daría al menos seis meses más en el cargo. El señor Eisenkot, en cambio, todavía no recibió el respaldo formal de los demás partidos de la oposición. Se espera que sus líderes negocien duramente a cambio de su apoyo o incluso que exijan para sí mismos el puesto principal.
“Netanyahu se excedió tanto en esta campaña que hay esperanzas de que los líderes de la oposición se pongan de acuerdo rápidamente y dejen de regatear”, afirma un miembro optimista de la oposición. El escenario más probable en ese caso es que el señor Eisenkot forme un gobierno minoritario con el apoyo de los partidos árabes. Pero el señor Netanyahu, un superviviente político hasta el final, no se irá sin dar pelea.
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