Las imágenes difusas que se van formando durante los títulos culminan con la figura de una mujer en el momento del disfrute sexual, sobre el que se va imponiendo el feliz griterío de los niños cuando salen al recreo. Corte a la realidad: mientras niños reales salen al patio, vemos a la maestra con evidente cara de disgusto. ¿Qué le pasa? De belleza natural, madura, es dueña de un departamento de soltera en Rio de Janeiro a pocos metros de la playa, recibe puntualmente un giro mensual del padre, tiene linda relación con los chicos, pero no es feliz. Se siente mal consigo misma y, según dicen, si alguien no se quiere tampoco puede querer a otra persona. Eso dicen.
Cuento de Lispector se vuelve más claro en cine
“El libro de los placeres”, una coproducción entre Brasil y la Argentina, sobre el malestar de una mujer en los 60, ambientada en la actualidad.
-
Murió Adolfo Aristarain, emblemático director del cine argentino
-
La serie argentina de Disney que está llena de estrellas y tiene a todos esperando por su segunda parte
La escritora Clarice Lispector creó este personaje a fines de los ’60. La liberación sexual y la angustia existencial no eran temas exclusivos del libro. Estaban en el aire. Y siguen estando, porque de eso trata la película de Marcela Lordy, que ahora vemos, ambientada en los tiempos presentes. Con el libro hay algunas diferencias menores: no hay personal doméstico y el departamento está mejor ubicado. Diferencias no tan menores: la mujer tiene la última palabra, y ante su candidato no hace como la otra, que “compraba vestidos caros y siempre ajustados, era solo eso lo que sabía hacer para atraerlo”. Y diferencias insalvables: la novela ostenta unos párrafos larguísimos sin punto y aparte, unas descripciones puramente poéticas, sobre todo en su capítulo “El origen de la primavera o la muerte necesaria en pleno día”, una redacción tan libre que a veces parece que la imprenta se saltó una línea, y encima empieza con una coma, como si faltara la página anterior, y termina con dos puntos, como si faltara la última (“Yo pienso, interrumpió el hombre y su voz era lenta y apagada porque estaba sufriendo de vida y de amor, yo pienso lo siguiente:”).
La directora intenta a veces algunos párrafos de poesía visual propia, sin mayores logros. Mejor le sale la cordial simplificación de la historia, y del conflicto. Mucho la ayuda en esto Simone Spoladore, tan expresiva, y tan atractiva como hace veinte años en “Lavoura arcaica”, su debut. A su lado, como el profesor argentino que la va seduciendo sin apuro, Javier Drolas en modo de Rufián Melancólico. Dice “Mi ADN es porteño. Soy medio machista, prejuicioso, egocéntrico. Pero vos me gustás mucho”, y logra su objetivo. Coguionista, otra argentina, Josefina Trotta. Montajista, Rosario Suárez.
“El libro de los placeres” (O livro dos prazeres, Brasil-Argentina, 2020); Dir.: M. Lordy. Int.: S. Spoladore, J. Drolas, F. Rocha.


Dejá tu comentario