Por la forma en que tres mujeres cuentan de la violencia y sometimiento en una zona rural del norte brasilero en “Tortuoso arado” (Tusquets), su primera novela, Itamar Vieira Filho recibió los premios LeYa, Jabuti y Océanos. Interrumpió la presentación de su nueva novela en Brasil para venir a la Feria del Libro, donde dialogamos con él.
“Darles la voz a quienes no solemos escuchar”
Diálogo con el narrador brasileño Itamar Vieira, que sorprendió al mundo editorial con su primera novela, “Tortuoso arado”, que ganó varios premios.
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Periodista: Su primera novela le hizo ganar cien mil euros.
Itamar Vieira Junior: Yo había publicados “Días” y “La oración del verdugo”, dos libros de cuentos en pequeñas editoriales y no encontraba como publicar mi novela “Tortuoso arado”. Se me ocurrió mandarlo a Portugal, al Premio LeYa, el más importante para obras inéditas en lengua portuguesa. Yo no esperaba nada, Mi novela cuenta una historia de una comunidad del fondo de Salvador de Bahía, un mundo que se está volviendo urbano pero su gente está alejada de todo progreso y es estigmatizada por parte de la sociedad. No se me ocurría cómo entenderían esa historia. En estos cuatro años la novela ha conquistado lectores en Portugal, Brasil, y otros países, ya ha sido traducida a veinticuatro idiomas. Y al principio no tenía dónde publicarla.
P.: ¿Qué produce tal atracción internacional?
I.V.J.: Es que, aun cuando se trata de una región marginal, allí se viven alegrías, sufrimientos, amores, tristezas que son sentimientos universales. Es, una vez más el “pinta tu aldea”, de Tolstoi. El deseo de libertad, independiente de la cultura, de donde se lo viva, es universal. Para empezar, allí en Aguas Negras están las hermanas Bibiana y Belonísia, como un accidente deja muda a una y la otra se convierte en su voz. Y está el padre de ellas, que es curandero y líder social.
P.: Y está en esa comunidad la esclavitud encubierta para que no se ve que es esclavitud.
I.V.J.: La esclavitud no es un problema del pasado. En Brasil, en la actualidad, hay muchas personas que están en situación de esclavitud en fábricas, en campos, trabajando como empleadas domésticas. Es algo sobre lo que debemos conocer y reflexionar. Aguas Negras es una hacienda a la que van convergiendo trabajadores de distintas regiones que van formando un microcosmos. Los que llegan tienen un lugar, pueden plantar algo para ellos, para sobrevivir, pero no tienen derechos a tener una parcela, una casa digna, y cuando cambia el dueño corren el riesgo de ser expulsados. La propiedad de la tierra provoca en América disputas con comunidades de pueblos originarios, y de afrodescendientes. La literatura estadounidense y caribeña ayudó a visualizar esa cuestión racial. En Brasil fue negada. Se dejó de lado la importancia de la discusión cultural de la cuestión racial para poder entender la sociedad brasileña. Mientras tanto esos amplios sectores permanecen en una condición de subalternidad, continúa en situación de vulnerabilidad. Las cuestiones de la cultura, de la raza, del colonialismo, de la esclavitud, son importantes para poder tener una historia brasileña más amplia y abarcadora. El mío es un libro de ficción, pero la recepción que ha tenido en Brasil muestra que la gente tiene sed de conocer su propia historia.
P.: Su novela lleva a recordar las de Jorge Amado y García Márquez.
I.V.J.: Son dos grandes referentes para mí. Pero lo que me movió fue aquello que plantea James Joyce: hacer entrar en la literatura personajes que habitualmente son dejados de lado, que gustaría escucharlos, verlos convertidos en protagonistas. Cuando me preguntan si en “Tortuoso arado” hay realismo mágico, digo que no era mi intención. Me importaba que fuera una historia que sea sentida verdadera por aquellos la inspiraron. Y para las personas de mi novela hablar con los espíritus es algo normal, y eso a algunos les da la capacidad de cambiar la vida de otros y de curar a los enfermos. Yo deje que ellos contaran su vida sin abrir juicio.
P.: Se ha calificado su novela de feminista.
I.V.J.: Crecí en medio de mujeres de una personalidad muy fuerte. Aprendí a ver mujeres con decisión. “Tortuoso arado” trata de la herida colonial y el colonialismo que fue pensado y concretado por hombres, y las mujeres fueron dejadas de lado como seres inferiores. Como la mía es una novela descolonializante, vuelve a las mujeres protagonistas y deja que ellas cuenten la historia desde su perspectiva.
P.: Además, está dividida en tres partes contadas por tres mujeres.
I.V.J.: Dos humanas y una que no es tan humana, es un espíritu. No sabía que la novela iba a ser así cuando comencé a escribirla. Empecé con la hermana que no puede hablar. La literatura permite entrar en lo que piensa una de las hermanas. Después sentí necesidad de contar cómo fue que enmudeció. Así es que la otra hermana tuvo que contar el
accidente con ese cuchillo, que tiene una especial tradición familiar. Así se sabe porque eso las lleva a una existencia simbiótica, siendo muy diferentes. Por último, habla una mujer encantada, un espíritu ancestral que vivió la esclavitud, que liga el pasado con el presente y da sentido a las creencias que aparecen en la historia.
P.: Ahora, ¿en qué está?
I.V.J.: Acaba de aparecer en Brasil “Salvar el fuego”, una segunda novela, que está relacionada con “Tortuoso arado”. Forman parte de una trilogía que busca mostrar la relación de hombres y mujeres con la tierra, algo fundamental para pensar la vida humana. Habla de la colonización y la esclavitud y como los males de todo eso repercuten hoy en Brasil.




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