River supo cambiar a tiempo y pudo modificar la historia de un partido que se le presentaba complicado ante Unión. Resultado que le permite lograr un objetivo inmediato: no perderle pisada a Independiente en la lucha por el campeonato. El partido fue muy bueno, tanto en lo técnico, como en lo táctico y en lo emocional. En ese aspecto, mucho tuvo que ver el planteo de Unión que salió a jugarle a River -en el propio Monumental-de igual a igual. Devolviendo ataque por ataque y creando tantas situaciones de gol como su adversario, esa actitud no sólo es rascatable, sino que es para el elogio.
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Unión lo sorprendió a River manejando la pelota en la mitad de la cancha, a partir de una gran actuación de San Martín en la recuperación de la pelota y de Rubén Capria y Leo Torres en la distribución de juego. River atacaba -como por otra parte es su costumbre-, pero desnudaba errores defensivos, que hacía que la balanza en materia de creatividad futbolística se equilibrara.
River dependía mucho de D'Alessandro. Sin embargo, el hábil mediocampista debió superar una marca pegajosa y por momentos alguna infracción con algún dejo de «pierna demasiado fuerte», ante la pasividad del árbitro Ruscio que, con su andar parsimonioso, sólo atinaba a mostrar tarjetas amarillas.
El gol de Torres perfeccionó el planteo de los santafesinos porque comenzó a jugar con la desesperación de River, que no encontraba una fórmula eficaz para vulnerar a un seguro Nereo Fernández. Un tiro libre magnífico del «Chori» Domínguez le dio el empate a River y tranquilizó a todos sus compañeros.
Pellegrini se jugó con los cambios. Primero entró Guillermo Pereyra por Jersson González para equilibrar el mediocampo y -logrado ese objetivo-ingresó Cavenaghi por Astrada para tratar de definir el partido. El gol de cabeza de Guillermo Pereyra abrió el camino de la victoria, cuando el partido se complicaba seriamente.
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