Arbitros, de honorarios a profesionales
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Los 10 internacionales tienen un seguro de alrededor de los 5 mil pesos por mes, pero además les pagan 500 pesos por partido y 250 cuando son cuarto árbitro. En el orden internacional, lo que perciben es alrededor de 500 dólares por partido, más 100 dólares diarios de viáticos, aunque en el Mundial ese dinero se triplicó y, por ejemplo, Elizondo, por ir a Qatar a dirigir dos partidos, recibió 30 mil dólares. Los ex internacionales cobran 20% menos y los árbitros de primera que no son internacionales varían en alrededor de 40% o 50% menos que los internacionales.
Los árbitros asistentes internacionales, más conocidos como jueces de línea, se llevan exactamente la mitad que el árbitro principal. Es decir, un seguro de 2.500 pesos más 250 pesos por partido. Son los que están más cerca del público y los que reciben escupitajos y, a veces, agresiones. Si se hiciera un promedio, se podría decir que los árbitros internacionales se llevan alrededor de 7 mil pesos mensuales, los ex internacionales 5 mil, los árbitros de primera alrededor de 3 mil. Los de Primera B, 2 mil; los de Primera C y Primera D, un poco más de mil pesos mensuales; y aquellos que están en la última categoría varían entre 300 y 1.000 pesos según la productividad, porque hay árbitros que dirigen en el mismo día tres categorías de divisiones inferiores y después van a arbitrar Futsal (Fútbol de Salón).
Los clubes locales de Primeray Nacional B se hacen cargo del pago de la terna arbitral que le es descontado por la AFA; en cambio, de Primera B para abajo la que paga es la AFA, por lo que es uno de los principales gastos en la organización del fútbol teniendo en cuenta que, además de las 3 categorías ( Primera B; Primera C y Primera D), se hacen cargo de seis categorías de divisiones juveniles de todos los equipos, dos categorías de fútbol infantil, todo el Futsal y el Fútbol Femenino. Ese dinero sale del aporte de los clubes (2% de todas las recaudaciones y de los pases van a la AFA), la televisión y los sponsors de la Selección nacional. En el rubro arbitral hay desde 1986 dos gremios, Asociación Argentina de Arbitros, que agrupa a la mayoría de los árbitros de Capital y Gran Buenos Aires; y el SADRA, que integran los árbitros del interior, pero también algunos de Capital disconformes con el otro gremio, como el internacional Pablo Lunati o, en su momento, el malogrado Fabián Madorrán. En la AFA niegan acuerdos con los gremios, más allá de los temas laborales, pero sintomáticamente siempre hay la misma cantidad de internacionales de un gremio que del otro y cuando se da de baja a uno afiliado a un gremio, siempre lo reemplaza otro afiliado al mismo.
Con SADRA, la AFA no tiene problemas laborales, pero sí con la Asociación Argentina de Arbitros, que ha comenzado acciones legales para recuperar la relación de dependencia de sus afiliados, aunque en forma de juicios individuales. Su actual secretario general, el ex árbitro del Nacional B Jorge Ferro, reclamó judicialmente una suma millonaria por despido (tiene 48 años) reclamando el doble porque, según él, fue despedido siendo delegado gremial, por lo que tiene una protección especial.
Antes trataban de pasar inadvertidos, hoy hacen publicidad por televisión y hasta se prestan como parte del espectáculo. También están más expuestos porque su arbitraje es seguido por cuatro o cinco cámaras y no termina con los 90 minutos, sino que sigue a la noche con el «telebeam», que los expone a si acertaron o se equivocaron en una posición adelantada de 10 centímetros o si no vieron un «agarrón» que ninguno de los espectadores en la cancha logró observar.
Todo se aprovecha para convertirlos en culpables de la derrota y dudar de su honorabilidad. Algo que antes no estaba en juego, tanto que en los primeros tiempos del deporte (y hasta hace muy poco en el rugby) había un cartel que decía: «El árbitro siempre tiene razón, aun cuando se equivoca. Si usted no piensa así no tiene nada que hacer en el estadio».




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