El Mundial de Voleibol tiene ya su primer finalista: Brasil, un equipo fuerte, potente, de una solidez como pocos, que lo erigieron de antemano como uno de los grandes candidatos. Venció a Yugoslavia 3-1 (26-24, 22-25, 27-25 y 25-23), que ahora debe jugar por el tercer lugar. Hoy se conocerá el otro equipo que dirimirá el título, tras el partido que disputarán Francia y Rusia, dos equipos que superaron algún traspié inicial y están de pie, tanto que luego de asegurarse un lugar entre los cuatro primeros, están dispuestos a pegar el salto final, para lograr sorprender en la instancia decisiva.
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Sin embargo, cuando aún no se terminó de digerir la derrota (si se quiere inesperada por lo que se había realizado antes) ante los franceses, el equipo de Argentina comienza a transitar el último tramo que le brinde por lo menos la posibilidad de lograr el quinto lugar, pero para ello necesita primero de un triunfo ante Grecia, para luego enfrentar en el partido definitivo por ese lugar a Italia, que anoche venció a Portugal por 3 a 0 (25-23, 25-19 y 25-17).
Al equipo argentino le quedan dos partidos sumamente complicados. Antes del análisis individual de lo que puede trasmitir el técnico Carlos Getzelevich, el mayor problema tal vez pase por el aspecto psicológico. El golpe de la caída con Francia fue grande, porque este equipo bien estructurado, con sólidos fundamentos técnicos y sin negar ninguno de los atributos que pueden darle jugadores de la jerarquía de Marquet, De Kergret o Capet, da la impresión que aún no está a la altura de Bulgaria o Italia, que debieron resignar sus apetencias antes de tiempo.
Si Argentina supera el trance, si vuelve a la simpleza del juego inicial, ése que permitió escalar yendo de menor a mayor, peleando cada pelota, apelando al juego agresivo que pueden darle Milinkovic, Elgueta, Bidegain, Spajic o en algún momento la sapiencia de Conte; y Weber acierta en su jeroglífico distributivo y Meana le sigue «poniendo el pecho a las balas», el equipo puede tener variantes y ése seguramente reencontrará el buen camino. Para una reflexión final conviene recordar que antes de comenzar este torneo todos (sin excepción) declararon que «el objetivo del equipo era estar entre los mejores ocho equipos del mundo». No fue fácil.
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