Se dijo antes del comienzo del Mundial: este equipo de Argentina está para pensar a lo grande. Tres triunfos consecutivos en una etapa clasificatoria no se conseguían desde el campeonato logrado en el '50 (de más está decir que el único). Nadie podrá alegar que esta vez Argentina no enfrentó a equipos de gran nivel internacional.
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Su presumía que a Venezuela se le iba a ganar fácil, como se ganó con ese 107-72. Sin embargo, había un partido que surgía como una bisagra, a pesar de la caída con Nueva Zelanda. Rusia aparecía como el conjunto a ganar por su historia (acostumbrado a subir al podio), su protagonismo en cuanto torneo intervino, sus individualidades con hombres de gran talla. En síntesis, también se pensaba que se podía ganar, pero nadie que se haría con esa amplia luz de 100 a 81.
Un trabajo que había que redondear con otro triunfo ante un equipo que llegaba invicto y que hizo fuerte hasta el último cuarto, cuando ingresó Ginóbili y llevó de la mano al equipo para un contundente 112-85 y ese primer lugar que abre buenas perspectivas futuras, porque en la zona que comienza hoy lleva un arrastre de cuatro puntos, junto a Estados Unidos, Brasil y España.
Tampoco se puede soslayar que -de hoy en máshay que superar un largo y tedioso camino, para escalar a posibilidades ciertas de alcanzar un lugar privilegiado. Si es un podio, mucho mejor. Esta noche Argentina debe enfrentar a China, un equipo con «dos torres» difícil de superar y basado en un trabajo en altura que puede complicar. Obviamente, no mucho menor que el juego que va a tratar de imponer Alemania, que surge como uno de los equipos más importantes de Europa.
Como cierre de esta serie debe enfrentar al sólido Estados Unidos, que no tiene estrellas rutilantes, pero basa su juego en la potencia de en los dos tableros y tiene movilidad para fabricar huecos para los envíos de dos o tres puntos. Lo que se dice un «equipo trabajador» con excelentes individualidades. Tal vez ése sea el partido que marque la posición final de las aspiraciones de los «magníficos de Magnano». El técnico, conocedor de estas lides, fue haciendo variar el juego y dando descanso a las piezas importantes del equipo: Ginóbili, Noccioni, Sconocchini, Pepe Sánchez, Oberto, Scola y Wolkowiski. Le dio minutos de juego a Montecchia, Palladino, Fernández y Gutiérrez y hasta reservó a Victoriano para instancia decisivas.
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