Lejos del calor de la calle, y desde despachos refrigerados de más, los dirigentes acumulan desatinos en el manejo del fútbol. Un juez decidió la semana pasada que unos barras bravas podían ingresar a un partido acompañado cada cual por un policía. El gobierno de Buenos Aires sumó otro error: retirar a todos los policías de ese partido (Boca-Racing).
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Otro dirigente, pero de fútbol, anunció que no venderá entradas a los 300 hinchas de Colo Colo que ingresan hoy al país desde Chile en varios colectivos sin escuchar esa advertencia. ¿La Policía los dejará llegar al Estadio de La Plata en donde los esperan sus adversarios de Gimnasia y Esgrima que quieren cobrarse agresiones recibidas en Santiago de Chile?
El ministro del Interior imagina que esta suma de actos violentos, que podrían resolver dirigentes políticos, judiciales o deportivos con más tablón que celulares, se solucione recurriendo al «derecho de admisión» de los clubes, en otra renuncia del Estado a una de sus funciones indelegables, que es la preservación del orden público.
Dejá tu comentario