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Es verdad que es muy difícil que pueda volver a jugar tan mal como lo hizo ante Perú, siendo un equipo con reiteradas desatenciones defensivas y carencia de explosión en el ataque.
En los últimos cinco partidos, el seleccionado argentino marcó sólo cuatro goles, jugando ante rivales accesibles, sacando a Brasil y a este sorprendente Paraguay de Gerardo Martino.
Para colmo, Basile siempre se jacta de armar grupos ganadores, unidos, y este del seleccionado argentino no termina de congeniar, sobre todo porque sus dos principales estrellas, Juan Román Riquelme y Lionel Messi, siguen manteniendo una relación fría y distante, que nunca se arregló pese a la obtención de la Medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008.
A eso se le suman rumores sobre una supuesta pelea entre Gabriel Heinze y Basile (dicen que no lo convocará más), alimentada más porque los jugadores argentinos fueron a festejar el gol de Cambiasso con el defensor del Real Madrid.
Algunas versiones señalan que hubo malestar por la decisión de Basile de sacar a Heinze en el entretiempo del partido ante Paraguay, día en que el zaguero se hizo un gol en contra, lesionó a Roberto Abbondanzieri y terminó por cerrar una de las actuaciones más flojas que se recuerden de un jugador del seleccionado argentino.
Si bien los jugadores niegan cortocircuitos, habrá que esperar qué decisión adoptarán si el entrenador también decide excluir de las próximas convocatorias a Carlos Tevez (que fue expulsado frente a Paraguay) y Roberto Abbondanzieri, a quien también se lo sindica como culpable en el gol ante Paraguay.
A simple vista, no parece peligrar la clasificación al Mundial de Sudáfrica, pero preocupa que no haya variantes para encontrar los caminos al gol, ya que no se puede apelar excesivamente a la pegada de Juan Román Riquelme o a una endiablada gambeta de Lionel Messi.
Hace falta demasiado trabajo entre semana para no ser tan previsible y facilitarle los caminos al rival, que ya le tomó el tiempo a este equipo y arregla todo anulando a Riquelme o al mismo Messi.
Tiempo es lo que le falta a Basile, que se autodenominó en un momento como seleccionador y no como técnico. Pero deberá hacer algo, porque es el único secreto para amalgamar un equipo conformado por muchos jugadores de jerarquía, que no tienen una línea de juego en conjunto definida.



