Empate con sabor a victoria para Boca en el Superclásico

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Dos datos salientes dejó "el color" de "La Bombonera" vinculado a lo que se vio de fútbol hoy entre Boca y River, una fueron los goles de los ex Estudiantes, el de Boca "fabricado" por un alma de Gimnasia y la otra, el alocado festejo de un empate que tuvo en el astro Diego Maradona a su principal protagonista.

El artillero Ernesto Farías estuvo impecable y bien despierto a la hora de abrir el marcador a favor de River, cuando lo vio adelantado al arquero Roberto Abbondanzieri y le mandó un tiro por elevación.

Orgullo para los de Estudiantes porque se trató de una conquista lograda por un goleador de la inagotable cantera de exportación "pincha".

Después, a Boca le tocó seguir empujando mientras que fuera de la cancha se desgañitaba Daniel Passarella y por momentos también perdía el control Alfio Basile, quien por ejemplo en un momento se cayó de espaldas al piso y quedó con toda la espalda manchada.

Durante el clásico hubo también un tiempo para la desazón y el silencio, porque cuando Boca estaba perdido, con su arquero expulsado y sin otro jugador de campo, River lo atacaba buscando definir y su público, que era mayoritario, callaba. Del lado de la tribuna visitante, pocos gritos se escuchaban porque todo era tensión.

En la cancha, "los platenses" siguieron haciendo lo suyo.
Incluso se destacó otro que no es de La Plata sino un tucumano que jugó en Estudiantes, Juan Angel Krupoviesa, expulsado tras haber cometido una violenta falta.

El ex Gimnasia Guillermo Barros Schelotto ingresó en los minutos finales, "bordó" una jugada dentro del área, fue derribado y así generó la ocasión del empate para su equipo, sobre el final del juego.

Y otro recordado goleador de Estudiantes como Martín Palermo, no falló desde los once pasos al ejecutar uno de los penales que mejor pateó en toda su carrera futbolística, como se le ocurrió a más de un chistoso en la tribuna.

Al final, caras largas de los pocos riverplatenses que pudieron asistir a alentar a su equipo, algún hincha local con la cabeza rota como producto de algún proyectil y la Copa Ramón Carrillo para los locales, levantada por Guillermo que fue llevado en andas.

A propósito de los protagonistas, retumbaron los consabidos "¡Paleeer-mo!" y ¡Guilleeer-mo!" en honor a esos ídolos "xeneizes" importados.

Y en un palco, el de Diego Armando Maradona, se pudo ver la alegría desatada del astro que saltó, bailó y cantó largos minutos después de finalizado el encuentro.

Todo controlado por las manos piadosas de una de sus hijas, las que evitaron su desbarranco al abismo.

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