"Gusti" Fernández y el cierre de un gran año: "Fue una locura, pero se viene una temporada muy interesante"

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El cordobés protagonizó una clínica de tenis en Tandil rodeado de jóvenes y en la que analizó un 2019 fuera de serie. "El año fue una locura, pero la idea es seguir evolucionando", le confesó a Ámbito.

Gustavo Fernández, número 1 del mundo en tenis adaptado. Su presencia en un hotel con tintes naturales de Tandil no pasa inadvertida, pero él se desenvuelve tranquilo. Baja a la recepción sin aires de estrella y saludando a todos los que lo cruzan. En pocos días más comenzará su pretemporada, luego de tomarse vacaciones tras un año colosal. Es tiempo de evaluar todo lo que pasó y ajustar piezas.

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La ciudad de las sierras, considerada la capital del tenis en Argentina, lo recibe como parte de un evento numeroso y rodeado de chicos. Una clínica con niños (y algunos no tanto) demuestra el afecto que el público tiene por él.

Hace algunos días comenzó un período de relax tras un 2019 que bordeó la perfección: ganó el Australian Open, Roland Garros y Wimbledon, y cayó en semis del US Open en un duelo lleno de nervios ante el francés Stephane Houdet, sumado a otros títulos del circuito y la medalla de oro en singles y dobles de los Juegos Parapanamericanos.

“Estuve tan metido en el día a día durante todo el año que no analicé nada. Recién después de Wimbledon vi todo y había sido campeón de tres Grand Slam, era una locura. Y eso no me ayudó mucho”, le confiesa el cordobés a Ámbito sobre el aspecto emocional.

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La pretemporada para encarar este año arrancó con el objetivo de modificar algunas cuestiones técnicas y mentales para evolucionar en su tenis. Más allá de los resultados, Fernández considera que las metas están cumplidas: “Logré lo que me propuse. Antes de empezar le había a mi viejo en una charla en casa: ‘Quiero hacer las cosas bien porque el año que viene la voy a romper’. Quería ser más meticuloso en mi carrera”.

“El aspecto mental ha sido clave, ayudó mucho haber ganado Australia, porque me sacó una mochila emocional muy grande y yo a partir de ahí pude trabajar de otra forma. El crecimiento desde lo mental fue enorme, tanto la madurez emocional como la calidad de concentración, manejo de las presiones y emociones en momentos complicados”, reflexiona.

“Gusti” había perdido cuatro finales de Grand Slam consecutivas entre 2017 y 2018. Su necesidad de ganar en Melbourne excedía lo deportivo, y tenía un cariz psicológico. “Los días previos a la final de Australia yo estaba muy tenso, vulnerable emocionalmente. Sentía que tenía que ser más racional. Estuve tan bien en ese partido que dije: ‘Por fin pude hacerlo’. Más allá de ganar, pude hacer lo que me había propuesto”, describe, relajado.

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Pero haber logrado numerosos títulos de envergadura, recuperar el N°1 y transformarse en el mejor del planeta no lo sosiega. Como si tratara de demostrar porqué está en la cima, ya traza su camino para 2020 y, como no podía ser de otra forma, sólo piensa en evolucionar.

Incluso durante su período de descanso, la cabeza del nacido en Río Tercero hace casi 26 años trabajó con aquellas cuestiones que aún cree que debe mejorar. “Cuando sos tenista no se baja nunca, porque es muy dinámico. En las vacaciones tuve que definir muchas cosas de mi futuro y no pude desconectarme”, aclara. Ese porvenir incluye la posibilidad de pasar más tiempo en Europa y estar más cerca de los torneos.

A la distancia, “Gusti” sabe que tuvo una temporada de ensueños, más allá de no haber podido lograr ganar los cuatro títulos grandes en un mismo curso. “Es importante lograr perspectiva porque sino es muy fácil perderse. Lo del US Open lo reconvierto en trabajo, motivación extra. Las lágrimas post partido son un parámetro muy bueno para mí, para decir qué es a lo que aspiro y que tengo la vara muy alta”, se reconforta.

Esa perspectiva que proyecta es la que lo lleva a dimensionar el haber vuelto al primer lugar del ranking. Según expresa, cuando fue N°1 en 2017 no la pasó bien, no estuvo preparado, pero ahora lo disfruta porque “para eso están las experiencias. Ahora es otra cosa y es importante. Son cosas que te tienen que pasar para aprender, y yo no fui de los que aprendió a la primera. Un montón de cosas las tuve que pasar para empezar a crecer”.

La espina de no haber sido campeón en Nueva York ya le enciende la llama para el año que viene. “Tengo mucha ilusión y estoy muy entusiasmado”, responde sobre lo que vendrá. “Voy a intentar ganar el Grand Slam. Se viene un año que puede ser hermoso, más allá de los resultados. El horizonte se ve muy lindo”, comenta sonriente, pero a la vez con cierta entonación que comprueba su fe.

Los cuatro torneos mayores, los Juegos Paraolímpicos de Tokio, el desafío de mantenerse en la cima. Todas metas deportivas que, desde el primer día, lo tendrán otra vez en foco.

Mientras, se regocija al saber que, probablemente por sus logros, el tenis adaptado tomó otra dimensión y “ya no es ‘la persona que juega al tenis en silla de ruedas’, enfocándose en eso. Ése es un cambio profundo y que queda”.

Su calidez lo poner alrededor de cientos de chicos de Tandil que se acercaron a pelotear un rato con el mejor de todos en un evento armado por Nativa Seguros. Se desenvuelve sonriente, animando a los niños. Se siente cómodo, tranquilo, confiado en lo que vendrá. Ya trabaja para eso, sin descanso y con la mente enfocada.

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