River, con el último aliento

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Es cierto que River merecía el triunfo. Que no debió sufrir tanto y llegar al último minuto sin lograrlo. Pero también es cierto que la resistencia de Lanús fue casi heroica. Jugando su fútbol de buen trato del balón en cancha de River y sin inmutarse ante el dominio del rival.

El primer tiempo fue parejo y con un desarrollo discreto. River buscó con un planteo de 4-4-2 muy flexible, porque Belluschi se adelantaba unos metros por el medio y ejercía el puesto de organizador o enganche para buscar contactarse con un pálido Ernesto Farías y un movedizo Radamel Falcao García.

Lanús buscaba «hacer su negocio». Trabar la pelota en el medio y buscar la potencia de Christian Fabbiani en el área para desequilibrar a una defensa que se mostró bien armada y tuvo al colombiano Nelson Rivas, otra vez, como su jugador más destacado.

En el segundo tiempo la orden de Daniel Passarella fue presionar en campo contrario, y Diego Galván, Leonardo Ponzio y Rubens Sambueza adelantaron sus líneas arrinconando a Lanús. Así se sucedieron jugadas de gol en los pies de Belluschi, Ponzio y Galván, que no fueron bien resueltas. Passarella intentó con el debut de Marco Ruben encontrar un socio más inspirado que Faríascomo acompañante de Radamel Falcao García, y después cambió los «carrileros» poniendo a Augusto Fernández y Zapata por Galván y Sambueza, pero nada cambió.

River atacaba sin convicción y Lanús esperaba con mucha gente en su campo buscando un contraataque que le diera el triunfo. Lo tuvo a los 30 minutos pero lo desperdició Sebastián Leto.

Con el correr de los minutos River fue sintiendo físicamente el esfuerzo de atacar permanentemente y Lanús aprovechó para salir del encierro y tratar de volver a plantear el partido en la mitad de la cancha, lejos del arco de Bossio.

En ese contexto el empate parecía «cosa juzgada», pero en el último minuto del partido Eduardo Tuzzio se encontró con una pelota en el área y con un remate cruzado de derecha consiguió lo que a esa altura parecía imposible.

River terminó festejando en el último minuto un triunfo que buscó con ahínco durante 90 minutos y cuando parecía que no lo iba a lograr; por eso lo festejó con mucha euforia.

Lanús se defendió durante 90 minutos y cuando parecía que iba a conseguir su objetivo, se quedó con las manos vacías. Es una vieja ley del fútbol que «el que sólo se defiende termina perdiendo en el primer minuto o en el último». Esta vez se dio.

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