Toda la montonera abrazando a Radamel Falcao García que consiguió el único gol del partido. River volvió al triunfo después de 12 fechas.
River debía quebrar una serie negativa de doce partidos sin victorias (la última había sido en la segunda fecha ante Rosario Central) y qué mejor hacerlo que en un clásico. Hay que decir que ayer enfrentaba a Independiente, otro equipo necesitado y que viene cumpliendo una pobre campaña. Pero este River logró reponerse de la eliminación de la Sudamericana, de su temprana posibilidad de pelear por el título del torneo Clausura y del alejamiento de su técnico, Diego Simeone y con poco se las arregló para extender la paternidad del equipo de Núñez sobre el de Avellaneda.
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La victoria fue largamente festejada por la gente de River, mientras que los locales se quedaron buscando explicaciones en el marco de un clima previo a las elecciones de autoridades y a la inauguración de la cancha remodelada.
De poco sirvieron las variantes que introdujo el técnico de Independiente, Miguel Angel Santoro, para buscar la recuperación de un equipo que lleva cuatro partidos sin ganar.
En Avellaneda se armó un partido vibrante, tal vez más por el marco que por el juego, en el que River fue más y convirtió al arquero Assmann en una de las figuras.
Enfrente, River encontró a un Independiente con poco volumen de juego, que tuvo como pretendido conductor a un Montenegro intrascendente, que cedió entonces el protagonismo a Ríos, pura voluntad.
A River le alcanzó con poco para ser más que un desteñido Independiente que navega en un mar de intrascendencia desde hace varias fechas, porque incluso entró en una anemia goleadora, que reconoce más de 180 minutos sin tantos. River estuvo más cerca en cantidad y calidad de jugadas y justificó el triunfo con un cabezazo de Falcao.
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