Uno de los jugadores símbolo del fútbol argentino, figura consular en Italia, máximo goleador de la historia de la Selección argentina, Gabriel Omar Batistuta, anunció su retiro definitivo de la actividad profesional.
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«Gabriel deja el fútbol para siempre y quiere agradecerles a todos, pero aunque hoy diga lo contrario, yo les aseguro a ustedes que no seguirá ligado a la actividad», confió, telefónicamente desde Qatar, su representante de siempre, Settimio Aloisio.
Los tobillos «a la miseria» y una rebelde lesión en la rodilla derecha fueron alejando paulatinamente a Batistuta de las canchas en los últimos años, hasta impedirle concretar algunos de los sueños que tenía para su despedida. Es que Batistuta no tenía ni por asomo la intención de retirarse en el ignoto fútbol de Qatar, donde el clubAl Arabi cobijó los últimos 26 goles de su carrera profesional.
Con 36 años cumplidos el pasado 1 de febrero, soñaba con regresar algún día a su Reconquista natal, donde tiene muchas hectáreas de campo, pero no sin antes jugar un año más en Fiorentina y sin dejar de darse el gusto de «probarse en la Liga Inglesa.
Sin embargo, ninguna de estas dos cosas ya serán posibles en su vida, porque acaba de renunciar a ellas para siempre, tal como lo hizo después del mundial de Corea-Japón de 2002 del seleccionado argentino y, consecuentemente con ello, de la posibilidad de alcanzar un título ecuménico con la camiseta albiceleste a la que le ofrendó 56 goles de su vida deportiva. Esa cantidad es la máxima de un jugador en el representativo nacional y tan sólo por eso Batistuta es un emblema del fútbol argentino. Fue ídolo en la Fiorentina, pero ganó un scudetto con el Roma, también vistió los colores del Inter y fue codiciado por el Barcelona español aun con 35 años en su cédula.
«Agradezco a todos los que me ayudaron en mi carrera. A mi familia, dirigentes, árbitros, cuerpos técnicos, periodistas y trabajadores del fútbol», reconoció a través de Aloisio. «Gracias a los clubes argentinos e italianos, y a los que me permitieron actuar en la Selección. Ya rescindí de común acuerdo mi contrato con Al Arabi y ahora finalizaré mi estudio a distancia como director técnico, para seguir ligado al fútbol», concluyó. Simple, concreto, como su postura ante los arqueros rivales y frente a la vida misma.
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