16 de junio 2005 - 00:00

Sólo triunfo y muchas dudas

Sorín yHeinze seabrazan,mientrasColoccini seacerca paraunirse alfestejo.Argentinasuperó aTúnez en eldebut de laCopa de lasConfederaciones,aunque dejómuchasdudas.
Sorín y Heinze se abrazan, mientras Coloccini se acerca para unirse al festejo. Argentina superó a Túnez en el debut de la Copa de las Confederaciones, aunque dejó muchas dudas.
La inmensa afición seguidora de la Selección nacional deberá acostumbrarse -diríamos hasta días antes del próximo Mundial- a presenciar equipos imprevisibles (por llamarlos de alguna manera) que pueden pasar de un desconcertante partido en Ecuador, a un brillante primer tiempo ante Brasil y un segundo lleno de incógnitas. Hasta este triunfo de ayer ante Túnez, que deja más dudas que certezas, pues mostró un juego híbrido y sin matices, a pesar de que el triunfo fue merecido en el debut en la Copa de las Confederaciones.

Esto viene a cuento porque habrá que esperar que Pekerman pruebe cerca de los cien jugadores que debe tener en mente y los adapte a un juego diferente, según sea su rival de turno. Tal vez por eso esta formación de ayer tuvo un dibujo diferente a los anteriores, jugadores que hasta son ignotos para los propios argentinos y un funcionamiento que parece medirse al compás de los resultados.

Sumamente peligroso, como lo fue el de ayer frente a Túnez con una línea de cuatro (con algún desprendimiento de Sorín), tres en el medio, con Santana y Bernardi (¿estarán en el Mundial?), Riquelme como «llanero solitario» y dos hombres arriba imponiendo su individualidad: Galetti y, en esa posición de punta donde lo probó el técnico, Saviola. Para tener presente quedaron dos penales de Lux (uno desviado) y -por lo menos-tres inútiles e impensados sofocones.

Si a la baja producción futbolística se le suman los « errores no forzados», se puede colegir que hasta este humilde equipo de Túnez tuviera oportunidad de crear alguna situación de gol... y hasta pudo empatar. Cuando el fútbol que se desarrolla es lento, esquematizado en sus fundamentos, forzado en la salida, con un ataque llevado por cuentagotas, tras un tedioso juego lateralizado hasta el hartazgo, no es demasiado lo que se puede pretender. Se supone, y es de esperar, que ante rivales de otra jerarquía, como seguramente serán el sábado Australia y más tarde la exigente Alemania, se decida jugar con otros jugadores, diferente esquema, renovada actitud y mayor dinámica.

Lo contrario es como pretender volar bajo, tal vez demasiado para una afición que espera mucho más, que sabe que tiene jugadores para más y que el objetivo debe estar por encima de cualquier improvisación, sabiendo que si bien lo que se juega no es mucho, quedarse a mitad de camino puede resultar un golpe demasiado fuerte.

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