American Airlines logró el viernes sellar un acuerdo de reducción salarial por 1.800 millones de dólares anuales con los tres sindicatos aéreos más poderosos de EE.UU., y evitó tener que solicitar la protección prevista en el Capítulo 11 de la Ley de Bancarrota de EE.UU., que en términos de la legislación argentina implica un mecanismo muy similar al concur-so preventivo de acreedores.
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El jueves por la noche, cuando uno de los sindicatos se negaba todavía a firmar el acuerdo de reducción salarial, medios informativos de EE.UU., que fueron reproducidos por este diario en su edición del viernes, indicaron incorrectamente que American Airlines había solicitado acogerse al Capítulo 11.
La situación hubiera sido así de no haberse logrado el convenio con los tres sindicatos. Pero en apariencia, a última hora del jueves resultó clave la renuncia del director ejecutivo de la compañía, Donald Carty, y su reemplazo por Gerald Arpey. Este fue el que presentó a los gremios la última propuesta de recorte en las remuneraciones, que resultó finalmente aceptada. En el convenio definitivo se acordó una reducción salarial de 1.800 millones de dólares anuales por un período de cinco años, y no seis, como planteaba originalmente la empresa. Por otra parte, el acuerdo puede ser rene-gociado después de los primeros tres años.
De todas formas, Arpey declaró: «tenemos una ardua tarea por delante, aún no estamos fuera de la crisis». American tiene ahora que renegociar con proveedores y acreedores financieros. Se estima que American Airlines acumula una pérdida de 2.500 millones desde los atentados del 11 de setiembre a las Torres Gemelas. De ese total, en este año, la empresa perdió entre 400 y 500 millones de dólares, como consecuencia de la suba del combustible de aviación y de la retracción de la demanda, por la recesión y la guerra en Irak.
Sin embargo, en la primera quincena de abril, American logró cierta ganancia en los vuelos domésticos en EE.UU., por primera vez desde setiembre del 2001. De todas formas, la empresa estima que en el actual contexto internacional, al que se agrega ahora el temor a la neumonía atípica, necesita de 4 a 5 años para volver a dar ganancia.
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