Arbol no toca el cielo ni raíces el infierno

Economía

Ahora, todos saben que se trata de una crisis. Y que afecta plenamente a la que llaman «economía real». Mientras personajes de todo rango y poder discutieron durante meses e hicieron su show mediático por el mundo, el monstruo siguió creciendo. Hoy entraron en otra competencia intelectual -y mediática, claro-, tratando de acertar si el mal durará todo 2009, o cubrirá también 2010. O si se tardará más tiempo. Mientras tanto, la «gente real» ha dado muestras de llegar a la zona más peligrosa de la fase depresiva de los ciclos: la del «pánico». Y muchos de los que huyen despavoridos de los mercados de riesgo aceleran el proceso, cumpliéndoseuna vieja ley de la humanidad:«En lo peor, es fácil obrar peor».

En este caso, conviene apartar la maleza que impide ver más allá de las narices y del día por día. Y en lugar de leer a George Soros, o a mucho oportunista suelto, acudir a un viejo y querido maestro de la deducción, Sherlock Holmes: « Eliminando todo lo que es imposible, lo que queda, aunque parezca improbable, tiene que ser cierto...».

¿Qué luce como imposible en esta crisis?: por ejemplo, que el mundo se acabe por eso. Que los mercados desaparezcan. Que el grueso de las empresas ya no exista. Que la gente deje de comer. De vestirse. De consumir.

Si no damos a esto como imposible, mejor, apaguemos la luz, no pensemos más. Peguémonos un tiro, en un rincón.

Si lo damos como válido, lo que nos queda es que detrás de esta labor profiláctica que nuevamente encaró el mercado para corregir excesos y desvíos. Para no parar la máquina de la codicia humana con el freno, sino con la caja de cambios. Lo que nos queda... es que volverá a construirse la zona de « acumulación». Sobre bases que deberán ser nuevas, después de derrumbarse viejos cimientos que se fueron apuntalando con tal de sacar partido del dinero barato, la falta de controles y marcos. Y la asistencia del Estado protector.

EL NUEVO MUNDO

Habrá que embarcarse y partirhacia un nuevo mundo, donde volvamos a caminar a «paso de hombre» y no de maquinaria fuera de control, haciendo dinero sobre dinero.

Lo que sabemos hoy es que se han retrocedido varios capítulos, en los mercados bursátiles. El Dow Jones retornó a la zona donde luchaba por llegar a «10.000», esto, en 1999. Donde nuestro Merval se fue a cuatro años atrás, diciembre de 2004. Y en un estudio de crisis que por esta vez, no los tiene como responsables ni causantes.

Toda bibliografía que se quiera recorrer, de toda época y lugar, de los grandes nombres que han sido exitosos en los mercados de riesgo, termina en una sola máxima y consejo: «comprar cuando todos venden». Esperar y salir a devolver la posición «cuando todos compran». Pero, a través de toda época, también se verá que las mayorías hacen exactamente a la inversa. Como viene sucediendo en estos meses.

Muchos que sostenían que las acciones locales estaban baratas, ante un índice que no evolucionaba más allá de los «2.000» puntos: hoy actúan como si estuvieran caras, con un Merval rozando los «1.300» puntos. Pero, «alguien» está en la otra punta de la operación, recogiendo los saldos y retazos de esta liquidación fin de invierno. Son los que «compran ovejas, para vender ciervos», mutación que se produce con acciones que son inversión y no sólo atesoramiento.

¿Que las empresas ganarán menos? Posiblemente, pero es por eso que cuestan menos. No sólo menos, mucho menos.

PRECIO Y VALOR

Otra vieja máxima bursátil reza que: «Todo necio confunde valor y precio». El costar mucho menos, no equivale a valer mucho menos. Y sólo eso es el secreto. Separarse del precio -que todos conocen y no otorga ninguna ventaja- y dedicarse al valor. Un indicador, el principal para el empresario, resulta el valor que posee, en cada época, el paquete accionario de su compañía.

En relación a lo que valen sus bienes de uso, sus activos fijos, que no están volatilizados (como sus acciones, que los representan).

Si le parece una locura estar hablando de seleccionar acciones Para Comprar, en medio de este vendaval, esté seguro que mucha más locura es estar comprando cuando el cicloestá en su madurez y el valor se pierde en la otra punta: en pagar más por lo que no vale más.

Estamos en una zona de la tendencia donde la «pichincha» se pinta sola. Y «pichincha», en la jerga de los grandes, es pagar $ 50 por lo que vale $ 100. Oportunidad que solamente se presenta muy de tanto en tanto, en estados de crisis, nervios rotos, y gran confusión general.

La gente, el individuo, sometido a presión es factible que se equivoque, en circunstancias como éstas que se viven.

El instinto de conservación privilegia algunas veces el pensar con las piernas, antes que con la cabeza. Lo grave es cuando «administradores» institucionales entran en pánico y liquidan mal, lo que deberían guardar. Hágase lo que se quiera, pero -al menos- piénsese en función de valor y no de precio. Después, asumir lo decidido.

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