¿Llegó el tiempo de hacer las valijas y alejarse de los mercados? ¿Justo cuando el tábano de las tasas largas ya no incomoda? ¿Aprobamos el examen de estrés -la realidad de una economía que calienta motores e inflación a toda potencia- y resulta que nos estresan los impuestos que la Administración Biden pretende subir? ¿La Fed es nuestra amiga pero no el recaudador, el IRS? Es momento de interrogantes. Si antes el rally respondía sobre la marcha con la veloz evidencia de su propia marcha –el rotundo paso de los toros– el zigzag de la semana reveló confusión y titubeos. Que conste, el S&P500 se derrumbó el jueves con la noticia de la posible duplicación del impuesto a las ganancias de capital, pero el viernes recuperó todo lo perdido y añadió un avance extra. ¿Lo tomó desprevenido un golpe a boca de jarro y ya rehízo su compostura? No ayuda que el bitcoin y las criptomonedas -los protagonistas de un rally de otra galaxia– se bamboleen groguis contra las cuerdas. Suman una inquietud. ¿Cómo reaccionarán los recién llegados al festín de los criptoactivos? ¿Será que la flotación de Coinbase en el NYSE es un mojón punzante?
¿Acaso llegó la hora del sell in may?
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Cuando se lanzaron los futuros de bitcoin en Chicago, otra proeza, se pinchó la burbuja de 2017, la que llevó los máximos a merodear 20 mil dólares. Siguió luego una sequía de récords que duró hasta 2020. Los impuestos en alza -o la silueta de la regulación en ciernes- pueden deslucir un negocio que se declara ajeno a las ínfulas de los gobiernos. Pero ya se vio cómo caló hondo la decisión del presidente Erdogan de prohibir las criptomonedas en Turquía. La caída fraudulenta de un criptomercado allí -Thodex- es el último remezón. Paciencia, hubo vida después del colapso de Mt Gox en 2013 y esto no le llega a los talones.
En campaña, el presidente Biden hizo promesas. Y ahora las cumple. Ya se aprobó el megapaquete fiscal y su plan de infraestructura (dividido en dos) está en fila. Dos semanas atrás, asomó la primera parte del plan de suba de impuestos: la reforma corporativa. Que se piense elevar la alícuota máxima que pagan las empresas de 21% a 28% no produjo escozor. Tampoco el empeño por gravar las ganancias en el extranjero. Fue el capítulo de los tributos personales lo que causó revuelo esta semana. Las ganancias corrientes se gravarían a un máximo mayor: 39,6%. Y el sablazo más fuerte se asestará sobre las ganancias de capital. El tope de 20% podría llegar a 43,4%. La noticia tocó un nervio sensible. ¿Sorpresa? Solamente el timing. ¿Inexorable? Tampoco, aunque Biden hace parecer fácil lo más difícil, su pasaje por el Congreso. ¿Qué cabe esperar? Que suban las alícuotas pero no tanto. Costará convencer a los senadores propios Manchin y Sinema. ¿Nos lleva Biden al socialismo? Al del presidente Eisenhower podría decirse. No, el péndulo tributario regresa a las tasas de Bill Clinton. ¿Tiene sentido estimular la economía para restarle oxígeno vía impuestos? No se olvide que el plan de infraestructura no achica el déficit, lo mantiene; y gasta más. Y la ampliación de un presupuesto equilibrado también es expansiva. ¿Será letal para la Bolsa?
La experiencia dice que no. La historia revela cinco episodios similares y el resultado fue siempre positivo. El primer año, el retorno bursátil promedió 12,9%. ¿Será que no afecta en nada entonces? Lo que importa saber es a partir de cuándo rige. ¿Este ejercicio o el próximo? Si fuera en 2022, las ganancias devengadas podrían realizarse ahora. Vender permitiría pagar las alícuotas actuales antes que se eleven. Se sabe que los inversores ganaron fortunas con las acciones tecnológicas. Conviene mirar allí para comprobar si se mueve el amperímetro. De momento es mucho ruido y pocas nueces. ¿Está amenazado el mercado bull? La expansión sigue su curso vibrante en EE.UU. y comienza a recobrar fuerzas en la eurozona, señala la última hornada de informes PMI con información de abril. El fondo es firme aunque se agite la superficie. El problema no son los impuestos sino la fatiga que los mercados hacen ostensible. ¿Quizás sea el viejo fantasma del sell in may? Pasaron diez años desde la última vez que la maldición dijo cartón lleno. En 2015, cayeron el Dow Jones y el S&P pero no el Nasdaq. Desde entonces, mayo no reportó inconvenientes. El mercado bull que irrumpió un año atrás es una tromba, pero no corrigió nunca. Esa es la duda que aguijonea y comienza a molestar. Habrá que cuidarse pues de los idus de mayo.
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