Sin Wall Street, es sabido que el caudal para los mercados de segundo nivel se adelgaza en gran medida. Y si en uno de ellos -el nuestro-hay cuestiones domésticas que contribuyen a paralizar la mano inversora: se produce una obra final, como la que ayer se pudo ver. Lejos de un dibujo terminado, apenas un «boceto» de rueda bursátil. Borroneado en sus contornos, propiamente a mano alzada y con trazos débiles.
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En Brasil pareció que la misma mano también describía un boceto parecido -al menos, en preciosporque el Bovespa se quedó con 0,25% de diferencia, de signo positivo. En Buenos Aires el tedio ganó a los raleados asistentes, que estaban mucho más siguiendo las pantallas por si había novedades respecto del entuerto agropecuario, reteniendo las intenciones de hacer «algo» hasta no poseer cierta señal valedera. Y la señal nunca llegó -sabido luego que todo pasaría para el día siguiente, mensaje presidencial mediante-por lo cual, lo que estaba borroneado siguió del mismo modo. Un Merval con mínimo en «2.213» unidades, llegando a máximo de «2.239» y la misma marca para el cierre. Un «logro» -encomillado-pasa por saber que en varios pasajes se estuvo por debajo, después con artísticos «toques» se corrigió y quedando con signo favorable. Una diferencia desechable, 0,19% y compitiendo en la miseria de la primera rueda semanal, con lo exiguo del Bovespa.
Un boceto que se completó, con las arterias anémicas de las órdenes abastecidas. Dando un total del día de poco menos de 23 millones de pesos de efectivo, en acciones. En tanto, las diferencias en la dirección de las especies dejó «24» títulos con alzas, contra sólo «29» en baja. Dentro de lo desvaído surgió Quickfood, con buen nivel de 6% de aumento, Caputo con suba de 4%. Por las bajas, Fiplasto y caída de 5,7% y G. Galicia con 3,7%. Una canasta vacía, donde había que conformarse con unas migas y solamente aguardando a Wall Street, de afuera. Y a la sensatez, de adentro. Lo único seguro: es lo primero. La Bolsa, durmió.
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