24 de diciembre 2001 - 00:00

Calculan que se deberían emitir de $ 3.000 a $ 4.000 millones máximo

Uno de los ideólogos del plan de Adolfo Rodríguez Saá, en lo que se refiere a la aplicación de una tercera moneda, es la Fundación Capital que dirige Martín Redrado. Este economista asesora desde hace años al nuevo presidente y fue uno de los que convenció al puntano de no devaluar ni pesificar ya la economía. Además aportó la idea de nacionalizar al máximo la aplicación de los patacones, en lo que se convierte en la circulación de una tercera moneda de forma ya oficial. Ambito Financiero dialogó con Carlos Pérez, economista y director de la Fundación Capital y quien más estudió este sistema. El esquema ideado incluye la aplicación controlada (no más de $ 4.000 millones) de la tercera moneda, no convertible y que probablemente cotice por debajo del dólar. Pérez, además, augura problemas para el levantamiento del feriado cambiario, lo que provocaría una suerte de «corralito cambiario». Las principales declaraciones de Carlos Pérez a este diario fueron las siguientes.

Periodista: ¿Usted defiende la creación de la tercera moneda?

Carlos Pérez:
La Fundación Capital hace tiempo que cree que es un mecanismo que se debe propiciar. Pero para implementarlo se debe tener en cuenta que es un instrumento complementario a la búsqueda del déficit cero, tanto en la Nación como en las provincias.

Realismo

P.: ¿Por qué no se puede implementar el déficit cero directamente?

C.P.:
Porque hay que ser realista. No se puede pasar del déficit de más de 10.000 millones de dólares anuales actual, a no tener déficit de la noche a la mañana. Es imposible. Por eso, y mientras se va hacia la convergencia total entre gastos e ingresos, la tercera moneda es un complemento para paliar el desequilibrio. Es un paliativo temporal.

P.: ¿Quién instrumentaría la aplicación de la tercera moneda?


C.P.:
Primero se debe crear un banco federal independiente del Banco Central, entidad no burocrática, que como función principal debe tener la administración de esa tercera moneda. Tiene que controlar la aplicación de planes que obliguen a las provincias a converger hacia el déficit cero contra giro de la tercera moneda.

Inyección gradual

P.: ¿Qué características tendría?

C.P.:
Fundamentalmente debe ser un instrumento monetario acotado en cuanto a su emisión. Esta se debe calcular sobre la base de la pérdida de circulante: entre 3.000 y 4.000 millones de dólares como máximo. Debe ir inyectándose al mercado gradualmente. De esta manera, y teniendo en cuenta la gravedad de la recesión, no sería un instrumento inflacionario. Además, debe ser una moneda transitoria y de uso difundido para que sea efectivamente moneda. La Argentina tendría entonces un sistema trimonetario.

P.: ¿Cómo se controla su emisión?

C.P.:
Primero, con mucha responsabilidad por parte de los políticos. Luego se debe instrumentar con un encaje de 80%, lo que provocaría un multiplicador monetario bajo de no más de 1,1 o 1,2%. Con esto se evitaría la emisión monetaria secundaria.

P.: Evidentemente no sería un sistema gratuito para la economía...

C.P.:
Obviamente implica una relación difícil con el FMI, a quien no le gusta este tipo de políticas. Además, estacionaliza el default y permite una recuperación mínima de la competitividad. Pero, si se lo considera únicamente como un instrumento para este momento, permite priorizar las urgencias sociales sin violentar los derechos de los ahorristas.

P.: ¿Cuánto tiempo debería funcionar este esquema de tres monedas?


C.P.:
Mientras se converge a un esquema de déficit cero. Sólo cuando se muestre una situación fiscal equilibrada en la Nación y en las provincias, se podrá pensar en un programa más creíble y con el apoyo del FMI. Obviamente, se complementa con un esquema de flotación cambiaria para aplicar en el tiempo.

P.: ¿Se excluye entonces la posibilidad de una devaluación inmediata?


C.P.:
Sí, mientras tanto se trata de llegar a un esquema fiscal creíble y predecible. La tercera moneda es el instrumento del momento, pero no debe entronizarse como algo permanente como se hizo con la convertibilidad. También debe ser transitorio el banco federal y circunscrito al tiempo de vigencia de la tercera moneda.

Flotación

P.: ¿La tercera moneda puede ser convertible con el dólar?

C.P.:
No. La Argentina puede tener tres monedas, dos convertibles y una tercera no. Y si se cambia el esquema por uno bimonetario entre el peso o el dólar y la tercera moneda, tampoco puede ser convertible. En este esquema es difícil pensar en que la tercera moneda cotice uno a uno con el dólar o el peso.
P.: Esto quiere decir que invariablemente hay una alta posibilidad de ir a una flotación en un tiempo...

C.P.:
Creemos que sí.

P.: Y que esa flotación implicaría algún tipo de devaluación...


C.P.:
En este caso dependerá de la solidez fiscal, pero es difícil imaginarse hoy una apreciación del peso frente al dólar.

P.: ¿Qué cambiaría con este plan?

C.P.:
Las cosas se van dando con los tiempos, y con movimientos de «D» minúsculas y mayúsculas. La primera D minúscula que pasó a mayúscula es que de la sospecha de default se concretó. Luego una «D» mayúscula que irá disminuyendo es la de los depósitos, con la paulatina liberación del «corralito». Finalmente la «D» de devaluación se podría dar en minúscula con la cotización del LECOP por debajo del dólar.

P.: ¿Puede terminar rápidamente el feriado cambiario?


C.P.:
Es muy difícil y un riesgo importante. En la secuencia moderada de aplicar una tercera moneda contra un programa creíble y seguro de solidez fiscal, abrir el mercado cambiario inmediatamente es riesgoso, ya que habrá una presión muy fuerte sobre el dólar, lo que no es saludable para las reservas. En algún momento deberá abrirse el sistema, pero no antes de dar señales de seriedad fiscal. Se vienen tiempos de ajustes bien antipáticos.

P.: ¿Puede haber entonces tres meses de feriado cambiario?


C.P.:
Yo lo llamaría «corralito cambiario».

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