China pone en marcha bloque comercial y el país se puede beneficiar

Economía

Liderado por el gigante asiático, nació el mayor bloque comercial del mundo: la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés) que concentra a más de 2.200 millones de personas y representa el 29% del PBI mundial.

Sin la presencia de Estados Unidos, quince países de la región de Asia Pacífico firmaron días atrás el mayor acuerdo comercial del mundo.

Más grande que la Unión Europea y que el Alca, la RCEP está conformada por China, Japón, Australia, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Vietnam, Tailandia, Filipinas, Laos, Camboya, Myanmar, Malasia, Singapur, Indonesia y Brunéi. Además, todas las partes declararon que en el corto plazo podrían sumar a la India.

Es la primera vez que China, Japón y Corea del Sur participan en un mismo acuerdo de libre comercio.

Ricardo Descalzi, director de la Diplomatura Un Puente hacia China de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNC explicó que esta asociación económica integral regional “está formada por diez países que no son muy grandes, pero están tomando importancia a nivel de comercio internacional”, al mismo tiempo que suman a cinco países importantes de la región como Australia, China, Corea, Japón y Nueva Zelanda.

Si se compara este hecho con la salida en 2017 de Estados Unidos del acuerdo transpacífico, podría abrir algunas puertas a Argentina de la mano de la estrategia de China.

China trata de integrar a los países de Latinoamérica a través de la iniciativa de la Franja y la Ruta. Trata de tener presencia en el sudeste asiático e incorporar a través de la cooperación económica y el comercio a otras regiones del mundo.

Mientras Occidente sufre la segunda ola del coronavirus y se ve obligado a imponer restricciones que arruinan su economía, Oriente sigue avanzando, al haber controlado mejor la pandemia.

La Asociación fue fundada el domingo por videoconferencia, y supera ampliamente a la Unión Europea y al tratado comercial entre Estados Unidos, Canadá y México, al aglutinar a 2.200 millones de personas y sumar hasta 26,2 billones de dólares (22,1 billones de euros), lo que supone un tercio de la economía del planeta.

Durante los próximos 20 años, todos ellos se comprometen a reducir sus aranceles hasta un 90 por ciento y abrir sus mercados y servicios. Además de proteger la propiedad intelectual y promover las telecomunicaciones, los servicios financieros y el comercio electrónico, simplificarán las «normas de origen» de sus productos para que las mercancías circulen más fácilmente y estrechen la interrelación de sus cadenas de producción.

El acuerdo es el primer paso hacia una especie de «mercado común» en la región de Asia-Pacífico, que es la más dinámica del planeta.

Al frente de ella se encuentra China, que está ocupando el lugar que EE.UU. ha dejado en Asia tras los cuatros años de mandato del derrotado presidente Trump.

Y es que esta Asociación Económica Integral Regional nació en 2012 como respuesta al Tratado Transpacífico (TPP), abanderado por Obama para girar su política exterior hacia «el eje de Asia» y contener así el auge de China. Suscrito por EE.UU., Australia, Nueva Zelanda, Canadá, México, Perú, Chile, Japón, Vietnam, Singapur, Malasia y Brunéi, el TPP no solo unía ambas orillas del Pacífico y liberalizaba el comercio entre ellas, sino que fijaba unos estándares laborales y medioambientales más justos y respetuosos.

“En tiempos de profunda tensión geopolítica, la Asociación Económica Integral Regional representa un rayo de optimismo multilateral. También ofrece una clara prueba del pragmatismo asiático. Tras haber aprendido las lecciones de las crisis de 1998 y 2008, los líderes asiáticos saben que solo bajando sus barreras a los demás pueden prosperar colectivamente”, analiza el politólogo Parag Khanna, autor del libro ‘El futuro es asiático’.

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