Cómo será la ayuda que el país recibirá de bancos
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Como otros componentes de lo que genéricamente se llama «red de seguridad financiera», la FCL tiene antes que nada un valor preventivo. Su mera existencia hace disminuir la probabilidad de retiros masivos de depósitos. Valor que quedó probado durante las crisis asiáticas, rusa y brasileña de 1997-'98.
En particular, al ocurrir el default ruso en agosto de 1998 (evento que provocó una marcada reducción en el «apetito» de los inversores por los llamados «riesgos emergentes») la FCL se hallaba intacta en su valor original de u$s 6.700 millones y con validez automáticamente extendida hasta mediados de 2000. Pero precisamente por la mencionada caída en tal «apetito» o interés, luego del evento ruso varios bancos comunicaron que no deseaban seguir extendiendo la validez de su compromiso, más allá del plazo vigente en aquel momento. De no haber insistido inicialmente el BCRA en incorporar la cláusula «evergreen», es posible que una buena parte de la facilidad hubiera expirado abruptamente en diciembre de 1998.
Las autoridades del Banco Central hicieron numerosas gestiones para minimizar o atenuar la no extensión de compromisos más allá de fines de 2000 o principios de 2001, así como también otras que tuvieron como fruto la incorporación de varios nuevos bancos participantes, cuyos compromisos compensarían parcialmente a los que expirarían y, también, la incorporación del Banco Mundial y del BID en carácter de «enhancement» colateral.
Si existen todavía en la FCL compromisos cercanos a u$s 5.000 millones ello es, en parte, debido a dichas gestiones. Sería largo describir otras iniciativas -lamentablemente infructuosas-tendientes a extender la facilidad a (o hacer «elegibles») otros activos bancarios (a más de títulos públicos), tales como préstamos hipotecarios o los que tienen garantía de coparticipación federal de impuestos y atraer a otros participantes, como el FMI y compa-ñías aseguradoras.
Los bancos que se retiraron a fines de 2000 lo hicieron en uso de sus derechos, tras haber cumplido cabalmente con sus compromisos y haber cobrado lo acordado por el riesgo que corrieron. En cuanto a la suma que el sistema financiero argentino pagó en años pasados por esta facilidad, la misma es asimilable a la prima de un seguro que vence sin que -afortunadamente-haya tenido lugar el siniestro cuyo riesgo se cubrió.
Cuidado
En lo que respecta a los bancos que tienen compromisos vigentes, puede ser que algunos usen argumentos diversos para minimizar su obligación, como a veces lo hacen los aseguradores de riesgos corrientes. La cuestión de los bonos elegibles para las eventuales operaciones de «repo» no es menor para los bancos participantes. Mientras intervine en la conducción del Banco Central fui testigo del cuidado puesto por la Gerencia de Administración de Reservas en la actualización de dichos listados, banco por banco. Si en los últimos meses hubo demoras o dificultades en el reemplazo de los bonos rescatados como resultado del megacanje, las mismas deberán ser resueltas de manera profesional.
Por otra parte, como el compromiso de los bancos participantes está fijado en el precio de mercado de determinados valores nominales de títulos públicos (menos un margen de aforo o garantía), no puede desconocerse el efecto depresivo que sobre el valor neto de la FCL tienen los bajos precios a los que se transa actualmente la deuda pública argentina. A mediados de 1996, cuando la facilidad se ideó, primaba la idea de crear un instrumento que contribuyera a defender el sistema financiero argentino del impacto de shocks externos, como había sido el efecto tequila y no tanto de las consecuencias de errores propios.




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