Cooperar 7 de Mayo: de recuperar la fábrica a inaugurar un Polo productivo de $50 millones

Economía

Nacida en 1996, la cooperativa creada en respuesta a las tercerizaciones del sector portuario, continúa su crecimiento y expansión. En ese contexto, realizó la apertura de una nave industrial cuyo desarrollo fue posible a partir de una inversión mixta, con aportes propios y del Estado. "La inauguración es un desafío muy grande, pero es el principio de un proceso", dijo a Ámbito Cristian Horton, su presidente.

La cooperativa Cooperar 7 de Mayo que brinda servicios portuarios, logísticos, metalúrgicos y de urbanización, entre otros, en Santa Fe, se expande a fuerza de trabajo y organización. Este viernes cortaron la cinta de un Polo productivo de $50 millones en Villa Constitución, donde esperan centralizar todas sus unidades de negocio. "La inauguración es un desafío muy grande, pero es el principio de un proceso", dijo a Ámbito Cristian Horton, su presidente. Ya proyectan nuevas ampliaciones.

Corría el año 1996 y la presidencia de Carlos Menem transitaba su segundo mandato. Los planes de ajuste y privatizaciones convergían en un espiral de desempleo y desindustrialización. Atrás había quedado la hiperinflación alfonsinista, es cierto, pero la convertibilidad sobrevendría en un cataclismo que empujaría a la pobreza, la indigencia y el estallido social a millones de argentinos.

La economía menemista se sostenía a fuerza de una ilusión peligrosamente adictiva para un buen número de la clase media y la clase alta local: un dólar era igual a un peso. El entramado productivo sufrió la embestida a partir de las políticas económicas de ajuste y el mercado laboral se vio afectado por el avance de la precarización, a partir de la tercerización de servicios y otras formas de reducción de costos.

La tasa de desempleo había iniciado una curva ascendente a principios de los ochenta, luego de las fuertes políticas neoliberales de la dictadura cívico-militar, que la llevarían del 2.5% a valores cercanos al 17% a mediados del ´96, según el INDEC. El deterioro social y económico era sustancial.

Fue en aquel momento, precisamente en mayo de ese año, que un grupo de operarios del puerto de Ingeniero Acevedo en Villa Constitución, Santa Fe, decidieron tomar el toro por las astas, como se suele decir, y responder con organización ante las dificultades que generaba el modelo de tercerizaciones que proponía la compañía para la que desempeñaban tareas.

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Cristian Horton, presidente de Cooperar 7 de Mayo y titular de la Federación de Cooperativas de Trabajo de la República Argentina (FECOOTRA), lo recuerda como si fuera hoy. Junto a sus compañeros, trabajaba bajo un contrato precario para una agencia internacional de tercerizaciones, la cual vendía la mano de obra de sus contratados a Acindar en el puerto de la empresa siderúrgica.

“En los ´90 había surgido el fenómeno de las tercerizaciones y con la agencia arrastrábamos mucha conflictividad por las malas condiciones de trabajo. El gremio de la Unión Obrera Metalúrgica de Villa Constitución, encabezado por Alberto Piccinini y Victorio Paulón, nos dio a una mano y abrió la discusión con Acindar para la constitución de una empresa de economía social”, contó a Ámbito. La idea era formar una cooperativa en manos de los trabajadores y poner fin al vínculo de la multinacional con la agencia.

Pero no fue para nada fácil. En aquel entonces, plena década menemista, no proliferaban las historias de empresas recuperadas. Y para los trabajadores eso hizo que el proceso de nacimiento de la cooperativa fuera más lento y difícil. “Los primeros momentos fueron muy duros. Nosotros veníamos de trabajar en relación de dependencia, entonces recuperar el trabajo en nuestras manos, en una etapa del país en la que no había tanta experiencia en empresas recuperadas, fue complejo”, continuó Horton.

La poca experiencia en el ámbito cooperativista iba acompañada por las dificultades burocráticas, tecnológicas y geográficas del momento. “Los trámites eran muy lentos. Quizá tardaban dos años. No era fácil ni estaban los medios tecnológicos de ahora. En ese momento escribías un papel, lo llevabas a Buenos Aires, luego volvías y haciamos la Asamblea. Hoy por WhatsApp resolves todo más rápido. Por eso tiene un valor importante la época y el momento en que lo hicimos”, explicó.

Sin embargo, el entusiasmo general y las ganas de emprender fueron superiores a las complicaciones que podrían surgir. Se ayudaban “solidariamente” unos a otros, señaló. Fue esa conexión la que les permitió avanzar y no bajar los brazos, y los llevó a tener que aprender poco a poco a gestionar las distintas áreas de la empresa. "Y también a gestionar nuestro propio futuro”, enfatizó.

En el trayecto recibieron apoyo de distintos sectores, como por ejemplo de FECOOTRA que les brindó asistencia para conocer cómo se organiza y se gestiona una cooperativa. Y desde la UOM les acercaron recursos técnicos, como contadores y abogados para facilitarles las tareas en un primer momento. “Pero la gestión la hicimos nosotros. Ahí algunos tuvimos que aprender computación y a liquidar sueldos, entre otras cosas”, dijo y recordó: “Además, dentro de nuestros compañeros debimos generar nuestros propios cargos directivos, algo que fue muy importante”.

Una vez creada, la empresa autogestionada empezó a ser más eficiente y eficaz que bajo relación de dependencia, lo que les permitió cotizar más obras dentro del predio de Acindar. “Los primeros momentos fueron allí y luego nos expandimos hacia afuera. Éramos 100 trabajadores que empezamos a operar el puerto con una característica que es la misma que ahora: nosotros gestionamos las unidades de negocios en forma completa, no ponemos mano de obra por hora. Nos entregan la materia prima, la transformamos en producto y la vendemos”, contó.

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Crisis de 2001 y crecimiento post 2003

A los pocos años de constituida la cooperativa, el menemismo llegó a su fin y dio paso al gobierno de Fernando De la Rúa, quien llegó a la presidencia con la promesa de “terminar con la fiesta para unos pocos”. Pero lo que ocurrió fue que le dio el golpe de gracia a una sociedad enojada y devastada económica y socialmente. El corolario fue el estallido social de 2001 que dejó 39 muertos en manos de la policía, 46% de pobres (que ascendería a 66% durante el gobierno de Eduardo Duhalde) y 21.5% de desempleo.

“A finales del 2000 empezamos a incorporar más trabajo”, rememoró Horton, pero al poco tiempo debieron afrontar una de las peores etapas de la Argentina. “La crisis del 2001 nos encontró organizados en la cooperativa, que de alguna forma nos dio contención y no perdimos el trabajo como mucha gente”, valoró.

Con la reactivación del PBI que tuvo lugar a partir de 2003, durante el gobierno de Néstor Kirchner, llegó el crecimiento y la ampliación de la cooperativa. El expertice y el “know how” logístico-portuario ya lo tenían desarrollado. Eso, sumado a la política económica de aquel entonces - más favorable para el sector industrial – les sirvió como empujón. “Ahí empezamos a invertir mucho ya que logramos capitalizar los excedentes con la compra de bienes de capital. Adquirimos equipamiento y nos fortalecimos. Así empezamos a crecer y se incrementó el plantel. Hoy llegamos a ser 160 trabajadores”, expresó.

El crecimiento les abrió el juego a distintas áreas. Y con ello pudieron superar también la crisis de las hipotecas que golpeó a la economía global en 2008. Pero fue 2014 cuando llegó el punto de quiebre. “Nosotros sufrimos mucho las reconversiones industriales producto de las renovaciones tecnológicas de los procesos productivos. Eso hizo que en 2014 dejemos de incorporar personal, para pasar a contener a la masa societaria y diversificarnos”, dijo.

Y profundizó: “Ahora no solo somos trabajadores portuarios sino que también incorporamos otras tareas: hacemos procesos productivos para la industria metalmecánica y siderúrgica y nos expandimos al sector público y privado con obras civiles, urbanizaciones, mantenimientos de suelos, somos proveedores de grandes empresas como Acindar e YPF y otras compañías metalúrgicas. También invertimos mucho en bienes, con maquinaria vial propia, y en capacitación de los asociados para las nuevas tareas tecnológicas”.

Si bien en un primer momento toda la maquinaria que operaban pertenecía a la empresa siderúrgica, en los 26 años fueron adquiriendo todos los bienes de capital para transformarlos en propios. "Aquel proceso de capitalización lo logramos con excedente propio, hasta la pandemia. Y vivimos del mercado privado casi en un 100%”, remarcó, más allá de que en los últimos años la cooperativa comenzó a trabajar con comunas y municipios de la región.

Sin embargo, en ciertos momentos debieron acudir a la asistencia del Estado para sostener la masa de asociados. Ocurrió que entre 2016 y 2020, con una economía nacional volcada a lo financiero, la industria se vio afectada. “Eso nos lastimó un poco y tuvimos que enfocarnos en el sostenimiento. Y la pandemia termino de hacernos un daño importante por el parate grande de la economía. Ahí recibimos asistencia del Estado, con el Ministerio de Trabajo y el INAES”, explicó, haciendo referencia al Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social.

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Inauguración del Polo Productivo

Luego de aquellos tres meses, volvieron al ruedo y reactivaron viejos anhelos. Uno de ellos se concretó este viernes con la inauguración del Polo productivo, un proyecto que comenzó a gestarse en 2015 y que, pese a los vaivenes económicos, logró llegar a destino a partir de una inversión de $50 millones, mitad con fondos propios y el resto fondeado por Trabajo y el INAES.

“La inauguración es un desafío muy grande, pero es el principio de un proceso. Las renovaciones tecnológicas nos hicieron diversificarnos y allí tuvimos que salir a brindar servicios a clientes y hacer otras tareas para capitalizarnos. Hoy tenemos varios lugares alquilados y ahora con el Polo Productivo vamos a concentrar todos los procesos productivos que tenemos en distintas localizaciones”, destacó Horton.

Durante la primera fase iniciada este viernes, en el predio de 10.000 metros cuadrados se inauguró una nave industrial de 48 por 24 m2 donde funciona una grúa puente de 10 toneladas de última generación. Allí, tal como señaló Horton, se concentrarán todos los servicios que ofrece la cooperativa. De esta manera, podrán reducir los costos fijos porque tendrán menor gasto en alquileres y además les permitirá mejorar la productividad y la logística.

Dentro de la nave industrial, actualmente ya se emplazan mesas de trabajo para recuperación de laminados, material que luego se utiliza para las industrias de la construcción, automotriz y petrolera. Y también se desarrollaran productos para el campo, como varillas para separar alambrados o los propios alambres para atar fardos.

Cabe resaltar que las unidades de negocios de la cooperativa cuentan con vehículos propios y alquilados como camiones, utilitarios y 4 unidades de gran porte habilitadas para transportar maquinaria pesada a diferentes localidades. Además dispone de un gran volumen de maquinaria, como palas cargadoras, autoelevadores, retropalas, entre otras.

En el acto de inauguración del Polo productivo, que se llevó a cabo esta mañana en el Parque Empresarial Constitución, estuvieron presentes el presidente del INAES, Alexandre Roig, el jefe de Gabinete del Ministerio de Trabajo de la Nación, Roberto Sukerman; el intendente de Villa Constitución, Jorge Berti; el Secretario de Desarrollo Territorial y Arraigo de Santa Fe, Fabricio Medina; el presidente de la Confederación Cooperativa de la República Argentina, Ariel Guarco; el presidente de la Confederación Argentina de Trabajadores Cooperativos Asociados (Conarcoop), Ramiro Martínez; concejales y senadores de todo el arco político de la ciudad.

Precisamente Ariel Guarco, quien también preside la Alianza Cooperativa Internacional - organismo que nuclea a todo el sector cooperativista a nivel global - en diálogo con Ámbito valoró la apertura del Polo productivo y consideró que es un desarrollo que responde a los desafíos económicos, sociales y ambientales que enfrenta la humanidad.

“Si bien los desafíos son globales, las respuestas son locales”, dijo y profundizó: “Este logro de Cooperar 7 de Mayo es un fiel ejemplo de eso. Se trata de una empresa arraigada en su territorio, promotora constante del desarrollo local de su comunidad y firme defensora del trabajo decente, que es uno de los objetivos centrales en este momento del país y del mundo”.

Para Horton, la inauguración es “un orgullo muy grande” pero no corre el foco de lo más importante: esta es una etapa más de la cooperativa, que durante sus 26 años transitó por momentos sumamente valorables. “Como cuando construimos un barrio en 2010”, enfatizó y agregó: “Desarrollamos un proyecto social muy grande. Compramos 15 hectáreas de tierra e hicimos un barrio donde cada compañero tiene su lote. Es un barrio de 280 lotes donde muchos compañeros están viviendo”.

Futuro

Y la tarea no finalizará acá. También están pensando en avanzar en proyectos futuros, dentro del nuevo Polo productivo. Si bien no pudo adelantar demasiado debido a que aún están trabajando en ello, señaló que son proyectos integradores con otras cooperativas. “Serán sobre el cuidado del medioambiente”, dijo. Además, avanzaran con la implementación de un Polo logístico.

Sobre el final, el titular de Cooperar 7 de Mayo no dudó en afirmar que cada uno de los asociados “vivimos de lo que generamos” y “poder sostener eso es una emoción y una satisfacción muy grande. Y es un sentido de pertenencia muy grande”.

Si tuviéramos que ponerle un sello a este proyecto es la resiliencia. Más allá de quien gobierne, siempre hay alguna crisis económica. Y para eso, las cooperativas son una gran herramienta de los trabajadores organizados, en un grado superior a mi entender a los sindicatos, porque te permiten estar contenido, ser solidario. Y su resiliencia es tal vez el factor más fuerte que se ve en este momento”, concluyó.

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