El Gobierno acordó un pase pasivo (Repo), utilizando como garantía parte de su tenencia de bonos con vencimiento en 2035 y 2038, para pagar un vencimiento por u$s4.300 millones en Bonares y Globales. De esta manera, el ministro de Economía Luis Caputo, quien cuestionó al Frente de Todos por engañar a la gente y ser el gobierno que más deuda tomó en la historia, atajó un penal sobre la hora.
Crece la deuda del Gobierno: Luis Caputo atajó otro penal sobre la hora
El Gobierno consiguió un Repo, utilizando como garantía parte de su tenencia de bonos con vencimiento en 2035 y 2038, para pagar un vencimiento por u$s4.300 millones.
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Luis Caputo consiguió un Repo para pagar sus vencimientos.
En política, el “espejo” o, “la acusación del espejo” es una táctica de propaganda donde un político o grupo acusa a su oponente de hacer o planear exactamente lo que ellos mismos hicieron, están haciendo o planean hacer, proyectando sus propias intenciones y faltas en el adversario para crear confusión y justificar sus propias acciones.
Luis Caputo acumula un récord Guinness de deuda, no de reservas
Nadie gobierna hoy Argentina; la gobierna la narrativa. Y los mercados -como cualquier espectador exigente- no exigen resultados, sino un “Kick the can”; que como modismo, significa posponer o evitar un problema, “patear la lata más adelante”. El ministro Caputo lo entendió mejor que nadie; el secreto no está en acumular reservas, sino en acumular titulares positivos, no importa que sean falsos. Así nació el relato de la “normalización monetaria” y la “disciplina fiscal”, esa liturgia donde la austeridad se vende como milagro.
El discurso oficial asegura que “se derrotó la inflación”, “se estabilizó el dólar”, y “se recuperó la confianza”. Pero los datos duros muestran otra historia.
El éxito de los dólares disponibles para el pago del 9 de enero de 2026 no es económico, sino mediático. El Gobierno vende estabilidad con narrativa. En ese marco, el riesgo país subió a 575 puntos básicos.
La ficción es total. El Ministerio de Economía anunció el canje de letras atadas al dólar por $3.4 billones una operación por 15 días, con una aceptación de 64,19% sobre el total del valor nominal en circulación, para remover la incertidumbre en el mercado, donde vencen unos $31 billones antes de fin de mes. Ese importe equivale a u$s20.666 millones. En el primer semestre del año vencen más de $87 billones. Ese importe equivale a u$s58.000 millones. El mecanismo de tiempo invertido funciona así; el futuro se cobra hoy, y el costo se patea a 15 días o a 2027. Cada vez que meten Dólar Linked, se celebra como “éxito de gestión”. Lo que en otros países se llama apalancamiento corto, aquí se tradujo como “consolidación del programa”.
La economía se ha convertido en una obra de teatro financiero donde el guion se escribe en inglés técnico y la audiencia -los argentinos de a pie- apenas entiende. La semántica, como enseña Appadurai, es el primer instrumento del poder, cambiar las palabras es cambiar la realidad, y nada se alquimiza más fácilmente.
Pero la alquimia es insostenible; como decíamos, el Tesoro enfrenta vencimientos por $87 billones de pesos en los próximos seis meses. La importancia del auxilio discursivo de Donald Trump -aquellas quiméricas dos líneas de u$s40.000 millones, que prometía “cubrir los vencimientos hasta 2027”- llega en forma escasa, mal y al filo del default. Aquel anuncio fue un salvavidas geopolítico que garantizo la continuidad del experimento Milei, no su éxito.
El ministro Caputo, en su rol de chief storyteller, no emite comunicados, emite tuits en X. Preside el comité de buenas noticias del pueblo de Springfield (The Simpsons). Su política es pura escenografía. El mercado sigue la música, sabiendo que la melodía durará lo que dure el intérprete. Como todo régimen de arbitraje, el desenlace está escrito, el relato no termina, se agota.
Deuda, reservas y simulacro de solvencia
Las reservas ya no existen como dinero, sino como relato. El BCRA se ha convertido en usina de ficciones líquidas, donde cada dólar contabilizado tiene un doble; uno real (escaso, fugaz, a veces prestado) y otro contable (abundante, prometido, generalmente inexistente). Las cifras son elocuentes; las reservas netas están en un negativo de u$s16.000 millones. Sin embargo, el Gobierno insiste en que “estamos acumulando reservas”. La magia consiste en confundir dólares con expectativas. La economía argentina ha descubierto el secreto de la alquimia financiera, transformar pasivos en narrativa, y déficits en esperanza.
Lo más inquietante es que el Gobierno parece creer en su propia narrativa. Cada tuit, cada conferencia de prensa del ministro suena como una homilía macroeconómica; “el peso se estabiliza, bajamos la deuda, la inflación baja, la economía repunta”. Argentina vive hoy un régimen de solvencia discursiva, una economía que no genera dólares, sino relatos sobre dólares.
Así, el dólar se estabiliza por “decreto de confianza”; la inflación baja por “decreto moral”; el crecimiento se proyecta porque debe proyectarse. La macroeconomía se vuelve un acto de fe performativo.
La Argentina del Mileísmo no es un país, es un argumento. No es una economía, sino una narrativa de solvencia en tiempo real. Todo en ella parece diseñado para la mirada de los mercados, no para la vida de los ciudadanos. Los ministros hablan como traders; los traders, como predicadores; los pseudo analistas de “X” como trolls financieros. El Gobierno actual no administra recursos, administra ficciones.
Las cifras no describen, performan. Los números se pronuncian para que los bonos reaccionen, no para que la sociedad entienda. Capítulos de una misma novela especulativa, la del país que siempre está por despegar.
Mientras tanto, el ciudadano -ese actor olvidado del drama macroeconómico- sobrevive en un país que cotiza mejor de lo que vive. Compra alimentos en cuotas, mide su bienestar en dólares y mira los noticieros como si fueran informes de una empresa que no lo emplea. Su vida no figura en los cuadros sinópticos del Tesoro, pero sostiene con su miseria la rentabilidad del relato.
El experimento Milei-Caputo será recordado como la gran hazaña estética del neoliberalismo argentino: haber logrado que la ciudadanía confundiera austeridad con orden, endeudamiento con solvencia, y silencio con madurez. Fue -y sigue siendo- un espectáculo de prestidigitación semántica a escala nacional.
Cuando la euforia termine, quedará un país devastado y exhausto, poblado por ciudadanos que ya no creerán ni en la mentira ni en la verdad. Porque en el fondo, ese fue siempre el objetivo; no gobernar el país, sino administrar la creencia.
*Doctor en Ciencia Politica. Master en Politica Económica Internacional. Profesor de Finanzas en tiempos irracionales. YouTube: @DrPabloTigani, en X: @pablotigani
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