Cuando lo que vale es la imagen
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• Seguridad jurídica
Por ello, nos parece hasta más conveniente que el Ministerio de Economía envíe al Congreso un proyecto que ponga bajo su égida al Banco Central, que seguir dando señales que deterioren la imagen de seguridad jurídica. A partir de allí, la discusión sí podrá ser sobre la conveniencia o no de esta decisión.
b) Ley de suspensión de la ejecución juicios hipotecarios: la lectura de los legisladores y algunos funcionarios públicos es que este tema no es importante porque alcanza solamente 1% de la cartera de los bancos. Sin embargo, es una señal de que, cuando la demagogia política lo manda, los derechos de propiedad y de los acreedores no existen en la Argentina. Es más, si por tan pocos deudores incumplidores perjudicados se toman este tipo de decisiones, cuánta más razón habrá cuando los beneficiados por estas violaciones a la seguridad jurídica sean una mayor cantidad de votantes.
c) Ley que protege a las «empresas culturales»: a nuestro juicio no existe ninguna razón de valía por la cual un extranjero no pueda tener una empresa de comunicación o «cultural» en la Argentina. Sin embargo, concedamos que esto es razonable. Lo que decididamente no tiene justificativo es que una empresa de este tipo que desmanejó su negocio y se equivocó en la estrategia de financiamiento no pueda ser tomada por sus acreedores (cram down) si éstos son mayoritariamente extranjeros. A nuestro juicio esto solamente sirve para proteger a empresarios irresponsables y dan una pésima señal sobre la arbitrariedad con que se dan privilegios y acerca de la falta de respeto a los derechos de los acreedores en la Argentina. Además, ¿qué impide que mañana alguien decida que otro sector es estratégico y se termine sancionando nuevos privilegios que dañen derechos de terceros?
d) La compensación de los bancos: durante el año pasado, el anterior gobierno y los legisladores se dedicaron a distribuir generosamente subsidios a los deudores pesificados a costa del patrimonio de los ahorristas y bancos pesificados. Por supuesto que esto es violatorio del derecho de propiedad preservado en la Constitución Nacional, pero hasta que la Justicia falló en ese sentido a nadie pareció importarle. El gobierno tiene todo el derecho del mundo a subsidiar a quien se le dé la gana. Sin embargo, lo debe hacer con los recursos de renta generales (contribuyentes), como en todos los países respetuosos del estado de derecho.
Luego de la fiesta demagógica de revoleo de dádivas, ahora nadie quiere pagar el costo (político) de la fiesta: decirles a los argentinos que lo enfrentaremos con nuestros impuestos. Por ello, no logra avanzar el proyecto de ley que establece la compensación al sistema financiero por los subsidios dados a los deudores a los que se les eliminó o sustituyó el CER como factor de actualización. También incluye que el gobierno cubra la porción del subsidio por pesificación de pasivos que el Estado pretendió cargar sobre los ahorristas cuyos depósitos fueron pesificados y que la Justicia ordenó redolarizar, obligando a la entidad financiera a asumir la diferencia cambiaria.
De todas formas, lo peor no está allí. Dentro del articulado, hay uno que deja al PEN determinar de qué forma se correlacionará el pago de la compensación de cada entidad a que ésta incremente el crédito otorgado. En primer lugar, esto no tiene en cuenta que la compensación es en títulos públicos; por lo que no genera liquidez prestable. Por lo tanto, los bancos deberían buscar de dónde sacar los fondos para aumentar sus prestamos. Por otro lado, lo más importante, es que no se puede condicionar un pago al que tienen derecho las entidades financieras a que le transfieran el manejo crediticio del banco al Estado. Si esto se puede hacer un sector productivo, ¿qué impide intentarlo con otro que de pronto sea atractivo para los funcionarios de turno?
Me gustaría poder decir que éstos son los únicos ejemplos de este tipo de señales negativas. Sin embargo, no es así. Por ello, me parece relevante hacer notar que la lectura a que dan lugar es a que un inversor que coloca sus fondos en el país queda expuesto a la arbitrariedad de nuestros funcionarios. Si no les brindamos un marco de institucionalidad y reglas de juego claras que restrinjan estos manejos de la dirigencia argentina, estaremos condenados a ser eternamente subdesarrollados.
(*) Socio y director general de la consultora EXANTE




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