22 de junio 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Se metieron con el huso horario. Ahora, no saben qué cuernos hacer. Es otro ejemplo de cómo en el país incorporamos más temas de conflicto, donde existe ya una montaña de cuestiones prioritarias que no pueden resolverse. Modificaron los precios relativos entre el gasoil y la nafta. Se abre un conflicto nuevo con los medios de transporte, a cuenta de los que puedan venir atrás de todos los sectores a quienes los toma de lleno el aumento. Pero, claro, en esa incomprensible ley de compensaciones aparentes que lleva adelante esta conducción; se quita un impuesto a los vehículos gasoleros. Y se lo presenta como que una cosa compensa la otra. Si no fuera que va en serio, parece un chiste. ¿Y los que tienen ya los vehículos, en qué se compensan? Pero, lo más alarmante es que todo suena a «lobby», a intereses fuertes detrás que consiguen fabricar medidas a medida. Y que la gente se embrome, aunque no entienda. Esto de los combustibles lo habíamos mencionado al pasar, cuando se había presentado una queja de las petroleras porque subía el consumo en la franja más barata y esto no les convenía. Ni siquiera hay ingenio para armar el escenario, porque esa equivalencia absurda de subir precio en surtidores, bajando el impuesto a la compra, es tomarle el pelo -otra vez-a la inteligencia ciudadana.

Justamente cuando el descontento es general, cuando todos los sectores dicen que no cierran los números se anuncia un cambio en combustibles que afecta directamente al segmento productivo: y, además, no existe ninguna inquietud de los «nafteros» para promover el cambio. Con el horario, lo mismo. Pero, si se piensa que hay un beneficio directo para que se facture más a la noche que a la mañana, todo sigue oliendo muy feo.

El conflicto del transporte se hizo «in vitro», se lo engendró desde medidas oficiales irritativas y que nadie esperaba. Es como querer seguir poniendo leña a un fuego social que cada vez toma más incremento. Es cierto que no se comprenden los lineamientos que se lanzan una y otra vez, porque no hay modo de entender el absurdo deseo de poner la situación más tensa, en vez de descomprimirla.

Tanto como ver que en Salta se invirtieron millones gruesos para un estadio de fútbol, de campeonato que genera el bajo interés habitual, mientras se arriesga todo por no solucionar problemas de desocupación y hambre. La terrible sensación de que el Estado, o el gobierno quita con una mano lo que da con la otra (y siempre quitando más de lo que da) es la idea fuerza que prevalece en el escenario argentino. La gente defendiéndose de lo que se va urdiendo, y un diabólico laboratorio que no cesa en inventar nuevas fórmulas, incomprensibles, indefendibles, inexplicables.

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