23 de junio 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Lo de la suba del gasoil tenía que terminar como terminó: empresarios del transporte que amenazan, funcionarios que también amenazan -para después sentarse a negociar-y entre las dos hojas de la tijera queda el ciudadano común nuevamente desflecado. La solución: aumento de tarifas de colectivos y listo.

Beneficiados: las petroleras, el Estado con sus impuestos sobre combustibles, y los empresarios afines. Hecho bolsa, el público. Da risa que Cavallo arengue a empresarios para sermonearlos, pedirles de viva voz que se fijen en Brasil, que hagan como los cariocas con sus «buenas ondas» al hablar de su país... Nadie se levanta para decirle: señor ministro, por qué no se fijan ustedes cómo se comportan los funcionarios brasileños en defensa de sus intereses nacionales y contra el que raye. Por qué desde sus ministerios no esparcen «buenas ondas» que puedan ser transmitidas.

Pero no. Siempre es mejor quedar agazapados ante el poder, bajar la cabeza ante un malhumorado encaramado que los aporrea y amonesta en público. Y entonces se siguen urdiendo cuestiones como ésta, totalmente insólita de los combustibles, que vuelve a restar dinero del consumo y de la franja de los más necesitados.

Mientras tanto, se lanza a la arena a un señor Martínez, ocupante de puesto oficial de segunda línea, para que aparezca en todos los medios -y apareció en todos-con lo que parece la «idea genial»: tratar de hacer planes productivos para regiones en conflicto. Todos se euforizan ante la idea, los programas periodísticos lo felicitan por el hallazgo, y frente a la que es la más simple y sensata de las propuestas -tratar de hacer trabajo, en lugar de repartir mendicidad-el país se conmueve. Resultó el señor Martínez un buen escudo para la hora, al menos para tratar de enfriar situaciones, y extraña que le hayan dado tanto protagonismo mediático y empuje desde atrás. El ciudadano ya curtido pensará -con lógica-que llegará hasta donde alguien le salga a poner el pie y desinflar a quien quizás, les haga alguna sombra política. Habrá que esperar un poco.

El riesgo-país no termina de definirse, lo que parece demostrar que, realmente, nadie en el mundo entiende más nada sobre el rumbo argentino.Y es como que dicen. déjalos que hagan lo que quieran. Siempre terminan igual. El mar de incoherencias, ya se vio cómo terminó lo de la corrección horaria, aumenta sus aguas. El estar improvisando tras cada problemática producida y nunca anticipada, es la verdadera programática utilizada. Tapemos este agujero, corramos hacia el otro, desarmemos y negociemos, hasta que se den cuenta que: el Estado no somos todos. Somos nosotros.Y ellos, que se las aguanten.

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