11 de diciembre 2001 - 00:00

Cupones bursátiles

Mientras el mercado accionario sube y sigue, estamos hablando hasta la rueda del jueves, lo insólito se ha instalado de lleno, y aunque parece no llamar mucho la atención de nadie: ni siquiera de los periodistas, que se evitaron de preguntarle a Cavallo en esa conferencia de prensa diaria qué pensaba de la Bolsa. Dos fechas al galope, más de 8%, después más de 10%. Papeles pasando hasta de 20% en un día, y todo esto, enmarcado por titulares como: el Fondo le niega el apoyo al país. Cavallo, desesperado, apelaría al dinero de las jubilaciones y las reservas..., etc., etc. El preferir estar en papeles accionarios, antes que en dinero bloqueado en un banco, no sonaba a demasiado sensato. Lo sería si a tal motivación se le pudiera agregar, por ejemplo, que detrás de todo este desbarajuste lo que aparezca pueda beneficiar a las sociedades cotizantes. O a tal tipo de inversión, de modo global. En fin, aquello que haga de la inversión una actitud derivada del raciocinio y la conclusión favorable, antes que de un mal menor o de una salida desesperada... de algo peor. Pero, todo vale en un país que hierve como caldera, en un país que, sin pasar tanto tiempo -apenas unos seis años-, vino a tener que pagar la enorme soberbia de muchos de sus dirigentes, que se quejaban del tequila y avisando: «Miren que la Argentina no es México» (no, hoy somos muchísimo peor).

De todo el mal que hay que deglutir, de las que quizá resulten las fiestas más amargas que se hayan tenido que vivir, tal vez aparezca la secuela positiva en hacer de cada uno de nosotros personas más humildes y sabedoras de que todo mal, también nos puede llegar. En cada uno de los países donde tocaba la crisis, esa misma respuesta altanera de personajes relevantes en lo económico y político, para distinguir «nuestras sólidas condiciones y fortalecido sistema financiero», de aquellos países inferiores (llámese Rusia, los asiáticos, el mismo Brasil). Hoy, seguramente, que afuera nos estarán gozando, mientras quemamos naves para seguir sosteniendo el rancho de paja. Ellos no inmolaron todo para salvar un sector (pero, por aquí, parece que sí). Y lo peor es que nada parece ser suficiente, en tanto los hacedores de tan veloz desastre -en meses- prosiguen siendo los últimos representantes del argentino soberbio. Como un Cavallo que parecía estar anunciando el gran repunte nacional, antes que la vergüenza de viajar a los Estados Unidos con la cola entre las patas. Y contestando de tan mala manera con ese: «A usted qué le interesa», (cuando se le preguntó qué pasaría sin el dinero del Fondo, para pagar al acreedor), dando sensación de que es el dueño de la economía nacional y que todos somos rehenes de sus extraños designios, totalmente desafortunados. No se hace cargo de nada. Es un genio al que no comprendemos.

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