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Ahora, se hace más difícil por el personaje central, arribado de lejana provincia y poco transitada en el gran ruido nacional. Lo que más resaltó, y se supo, de este gobernador devenido en presidente, ciertamente que no fue de lo más edificante que su historial puede ofrecer. Otros que se han subido al nuevo carro de la victoria, están en cóctel tan complicado de nombres cuasi olvidados (como Britos), otros no muy bien recordados en sus gestiones, y con ese discurso inaugural al que nos atrevimos a titular como de «capitalismo de izquierda». Un singular tránsito por párrafo que conformaban a los de arriba, para después emparejar con los de abajo. Que llenaba los oídos de los locales, pero no desestimaba a los de afuera. En síntesis, un mandatario que brindaba aquello que la gente -y muchos conductores- querían oír. Piezas clave de un extremo y del otro, casi como ese «salpicón de creo» donde Rodríguez Saá reseñaba creencias que venían, o no, al caso. Le faltaba un «creo en la ley de gravedad». O un «creo en el hombre llegando a la luna». Desempolvando la vieja y gauchita «maquinita» (que ahora imprimirá una tercera moneda, en las cantidades que se quieran) un largarse a marcar huella para un propósito que resalta: el que resuma en su figura la visión del «candidato» para marzo y aniquile otras pretensiones. Más apuesta fuerte.




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