«Final feliz...», en el secuestro de «fulano», porque apareció vivo. O de «zutano», al que tenían de rehén y los tipos se entregaron. Es una buena forma -pensamos- de institucionalizar el delito, enviando a la audiencia mensajes de «felicidad» por el final, olvidando el principio. Si alguien aparece muerto, es una tragedia. Si aparece vivo, es una preocupación enorme, más una tristeza. Porque se continúan cometiendo esos delitos. Pero, es típico de nuestra forma de observar las cosas, que puede registrarse en todos los órdenes. Y al que le confiscaron el dinero, y después se lo quieren liberar como una bendición, acaso vea con «alegría» que esto le haya sucedido. Olvidando el principio, nefasto, la vulneración de todo derecho sobre la propiedad individual. El avasallamiento nunca visto en los tiempos modernos. Pero, si se piensa que ya existió un plan BONEX y al poco tiempo la gente desfilaba nuevamente por los mostradores, para confiar su dinero, no debe extrañar que en cuanto el «final feliz» de la entrega de estos $ 7.000, se haga un poco más extendida, un mar de «finales felices» recorrerán los noticiosos... .
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Sobre esto especulan los que conocen bien nuestra idiosincrasia, las estrategias políticas de campaña se basan en nuestro modo de pensar y de concluir, hasta las más tenebrosas situaciones. Una noticia tapa a la otra, la situación original se va reconvirtiendo y el ablandamiento llega a derivaciones que parecían absurdas en un momento, pero que se plasman con el consentir de todos. Si ahora alguien asegura que la banca trabajará plena de depósitos en un tiempito, le llamarán trasnochado, utópico, desligado de la realidad. En unos meses, esto puede ser moneda corriente. Y mientras estos «cupones» se iban enhebrando, oímos un informe de noticias radiales, donde hablan de declaraciones de Ibarra, acerca de las nuevas bolsas implementadas para la basura ciudadana... . «Esto fue hecho para mantener limpia la ciudad y para facilitarle el trabajo a los que viven del cirujeo...», a este tipo de frases -explicando los «nuevos trabajos»- hemos llegado en la Argentina. Claro, el ciudadano pensará con razón: se lo institucionaliza como «trabajo», aunque sea aberrante ver gente que trata de sacar su sustento reemplazando a perros y gatos de otros tiempos, para que no molesten demasiado y se constituyan en una carga para tener que resolver. Hoy se habla de «3.000 que vienen todas las noches a la Capital a revisar la basura», también dichos del boletín de noticias, la pregunta es: ¿cuántos serán, al ser esto reconocido como «trabajo» y dando las facilidades de las bolsas ya separadas?.. . Vergonzoso, para los que vieron otro país, pero cuasi normal ahora, ya que la sociedad se ha dispuesto a no encontrarle otra solución: que el admitir que un contingente de necesitados, rebusque en la basura que cada uno produce. Sobre este país están discutiendo afuera, pero no pasa por los secuestros, asesinatos sino por cuestiones mercantiles. Informate más
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