15 de octubre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

«El dinero no es nada. Pero mucho dinero, eso ya es otra cosa...», decía un Bernard Shaw a quien estos rasgos de jugoso ingenio le impidieron alcanzar un rol más protagónico en lo que es la literatura «seria». Pero no podía con el genio, y deslizaba tales pastillas cargadas, de trasfondos muy reales. Es, quizá, lo que podemos estar empezando a ver en el desierto financiero argentino, donde más de uno que juró no acercarse más a un depósito bancario hoy está volviendo a colocar, o a dejar lo que le devuelven, en virtud de tasas tentadoras. Por la Bolsa sucede otro tanto; la tentación de realizar diferencias monstruosas -como de quince, veinte por ciento, en una rueda y en muchos casos que se vienen dando- hace que algunos entren en el riesgo puro, lo que para nuestro escenario es como jugar al «salario del miedo», manejando camiones bursátiles que llevan nitroglicerina. Pero la paga es buena, demasiado buena para mirar hacia otro lado, y claro: «el dinero no es nada. Pero mucho dinero, eso ya es otra cosa...» y se cumple de «pe a pa» el concepto tan divinamente sintetizado por Shaw, el cuasi milagro de crear un puente sobre aguas tan turbulentas y hacer que crucen por el cauce hasta muchos que son remisos y se titulan conservadores. Viendo en qué punto se hallan las variables, dónde está anclado el dólar desde hace un tiempo, las acciones argentinas resultaron de los mejores negocios en el mundo, mientras que las del NYSE fueron un desastre. Claro, todo esto jugando con un pan de trotyl en cada mano, y preguntando, prudentemente, cada día... ¿lobo está?

Lo de siempre, los dos grandes motores de los mercados resultan, desde que el hombre se arriesga en transar, el
señor Temor y la señora Codicia. Hoy vuelve a tocarle el turno más a la segunda que al primero, y a medida que otros hacen suculentas diferencias, la posibilidad de hacer dinero -mucho- en poco tiempo, en ráfagas precisas, en tableteos perforando las plazas más maduritas y más secas de vendedores, crea ruedas como la del jueves pasado, donde en uno de los rebotes de Wall Street, más el acicate de un argumento viejo pero oportunamente utilizado, se observaron saltos de precios que significaban meses de colocaciones reducidos a una sola rueda.

Lo demás no deja de ser «cháchara» pura, porque todos los días surgen más evidencias de que los argentinos nos contentamos con haber apuntado a un enemigo común, que bien nos lo ubicaron los políticos (el ogro del FMI), pero que seguimos actuando de la misma forma que nos llevó al desastre. Por caso, y al creer de denuncias, investigaciones y resultados finales, en el país no ha existido
corrupción ni nada cercano (¿quién está preso por eso?). Una señora legisladora, que se aficionó a perdurar dando saltos rana de banca en banca que queda libre, muy oronda no solamente afirmó que en lo legal no había pecado, sino que para nada vulneraba la ética. Siguen los disfrazados, sin carnaval.

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