17 de octubre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Para cuando estos Cupones lleguen al lector, ya se habrá reunido la Corte y abordando -según anticipaba Ambito Financiero- el tan polémico asunto de la pesificación o el quitar de cuajo la medida. Inimaginable si sucediera esto último; sin saber acerca de tal reunión jugamos a descartar la hipótesis (más, cuando consiguieron lo que querían en «la transa» de cambiar figuritas...).

Pero nada parece poder ir de punta a punta del péndulo y salían a relucir nuevamente, lo que es moda en nuestro medio poblado de multitud de papeles cuasi dinero. Que la Corte dispusiera que el Estado arreglara aquí y allá las diferencias, mediante nuevas emisiones de bonos. A largo plazo, claro, es como el que quería arreglar el problema del tránsito porteño y hacía todas las calles mano de Norte a Sur... el lío descomunal se armaba en Avellaneda, pero «allá, que se arreglen ellos». Como sigan así las cuestiones de este período «de transición» que dejará huellas como el peor de los gobiernos elegidos, en las próximas elecciones habrá que hacer algún «casting» de candidatos que deseen ofrecerse para el puesto de presidente (y hasta otorgar algún premio, claro). ¿Se imagina el que quiere, como es debido, efectuar una inversión proyectando a mediano y largo plazo? Acaso el hacer las maletas, y no perder tiempo, resulte la conclusión de más de uno de esos análisis pormenorizados.

Todo para adelante, todo para adelante, y allá que se arregle el audaz que quiere gobernar lo que se viene. Es cierto, si en algo no hemos decaído los argentinos es en la producción de «audaces»; igual se arremolinarán para ponerse la banda, aunque después vayan a durar lo que puedan. ¿Qué se puede conseguir con un acuerdo para el año que viene, si empezarán a volar barriletes de deuda por todas partes? Y la «maquinita» de los gobernadores que tampoco se irán al pla-card, un bono reemplazará a otro, cuando lleguen los vencimientos,
el papel malo empujando al bueno... (las reglas de oro que no pueden eludirse ni trampearse, a la larga).

La historia del país promete todavía mucho más de emoción y suspensos que lo visto hasta hoy. Y no debe descartarse que cuando poblemos las cuevas, estemos nostalgiosos de cuando vivíamos en el desierto de ahora. Alarma que lo que se sigue sumando no resulte camino a una salida, en una dirección adecuada -aunque sea lentasino el afán de contener las multitudes con lo que venga, el asunto es que no se le junte una «pueblada» en Plaza de Mayo y el recuerdo de De la Rúa debe calar hondo, seguramente. Ya no valen los «empréstitos patrióticos», como el de la asunción de Pellegrini y con plena participación de hombres de la Bolsa (una de sus mejores páginas, salvando a la Nación, proveyendo para pagar compromisos con el mundo); épocas donde se recurría inclusive a rematar todo lo suntuario del Estado con tal de reunir dinero genuino y resolver los problemas
, como se debe.

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