23 de octubre 2002 - 00:00

Cupones Bursátiles

El único, entre todos los circuitos del dinero, que supo mantenerse incólume frente al vendaval financiero que nos azotó; es por estos tiempos también el más predispuesto para sacar partido de cualquier resquicio donde penetre un rayito de luz, una expectativa en semillas, una bocanada de oxígeno que dé lugar a respirar. Es la Bolsa. Son sus acciones. Posiblemente, la que más se merezca una muestra de confianza, aunque se dé la paradoja de resultar -por propio espíritu-la del riesgo puro, la que no tiene redes y siempre camina por los alambres. La más sensible, la más expuesta a ser la caja de resonancia de cuantas contrariedades se vivan en el país. Cuando han rodado sin remedio las alternativas de inversión que se publicitan como las más seguras, al tiempo que todo era una cadena del incumplimiento, el sistema demostró que estaba bien «calzado», que los compromisos se rendían, a pesar de estar fundamentados en cortas palabras antes que en largos contratos después desconocidos. Fue la Bolsa la que no solamente liquidó todo, sin tener necesidad de recurrir a las muletas del Estado, ni a pedir clemencias para poder seguir actuando. Cuando debió discontinuarse, solicitó de modo efusivo que se la devolviera al ruedo, y eso que los canales de inversión estaban al rojo vivo...

Demostró que hay herencias que sirven, que hay formas de manejarse que han protegido al circuito aparentemente tan expuesto a las inclemencias, extrayendo de su seno aquellas aciagas jornadas del terrible «crack» de 1949, la búsqueda de cerrar filas, socorrer a los que están en posición más debilitada, pero cumpliendo con la comunidad que le facilitó el capital. Y ahora, cuando aparecieron tasas de interés nuevamente difíciles de competirles, en medio de hondas incertidumbres en el marco general, supo ir eligiendo sus sectores, elevar algunas especies y jugar a favor la condición de apenas líquida que la falta de capitales impone.

Muchas veces mencionamos lo retorcido y vidrioso de ciertos argumentos, las bases de cristal en que se tratan de asentar ciertos movimientos, y hasta algunas expectativas que se juegan como probabilidad, siendo apenas una posibilidad. Pero otra cuestión es desconocer el flanco favorable de ver a la Bolsa -casi expulsada con sus especies, por las foráneas- abrirse paso con el resto que le queda en papeles y en dinero, diezmada de nombres atractivos, para apuntalar movimientos que se convirtieron en recuperaciones formales. Superando a mercados que están funcionando con la normalidad de países sin convulsiones graves, como se deben soportar aquí. Nada más pensar en un sistema bursátil que debería actuar sin el concurso de las órdenes externas, o con un circuito local totalmente falto de capital y de crédito, es imaginar un recinto cerrado, esperando por el retorno de cierta normalidad. No solamente que funciona, sino que donde puede: sube. Y esto, más allá de la desprolijidad, merece entrar en la historia...

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