23 de diciembre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Hace unos días vimos una faceta, que permanece oculta en los comentarios analíticos de nuestra situación económica, empeñados casi todos en demostrar que: «¡la recesión ha pasado, empezamos a crecer, vamos todavía!...». Humildemente extraído del balance de una sociedad cotizante, que es el modo de chequear a la economía real, Longvie nos abría los ojos acerca de una desaparición de bienes importados que no es tal. De la presencia especialmente brasileña, en este rubro, y de la nula intervención defensiva de nuestras barreras aduaneras, aunque se violen límites de precios específicamente reglamentados. Muy bien, pensamos, esto lo dice una empresa que es líder y tradición en lo suyo, que está en un sector de bienes durables y no en «chucherías» y lo que nos aconseja es: «todavía no festejen, que los indios no pasaron». Pero, lo hacía con un contexto de tipo cambiario que andaba bastante parecido, entre los dos países vecinos...

Pasados unos meses, el devenir de nuestra agitada historieta argentina nos arrancó a un Pignanelli, del Banco Central, y nos arrimó a un Prat-Gay. ¿Qué es lo que hace el flamante funcionario, en una de sus primeras intervenciones públicas? Pues, juega el atractivo danzar de constituirse en nuevo profeta. Lanza por allí, que el dólar debería venir a $ 2,80. Alguna vez deberán cotejarse las fórmulas, de todos los que pronostican precios tan precisos, tanto los que se van para arriba, o los que se colocan abajo. Ver qué mix emplean, qué introducen y qué dejan afuera, si solamente se manejan con lo monetario, o le dan valor a lo que no puede medirse en números, pero sí en impresiones. Sería bueno cotejar tales mixturas, así como hacer un cotejo entre pronósticos. Que si fallan, y son de analistas privados no es tan grave, pero si corresponde a un funcionario oficial de alta rango puede ser funesto.

Pero, supongamos que el nuevo «dólar Prat-Gay» se sitúe en esos niveles: ¿qué sucedería, nuevamente, con el fenómeno de
ósmosis económica? Pues que, al menos con Brasil, volveríamos a expirar el poco oxígeno acumulado con mucho fervor, para intoxicarnos con anhídrido carbónico y como ha venido resultando en estos años. Tampoco se entiende demasiado el doble juego, y doble discurso, que tienen los que gobiernan y controlan celosamente el mercado cambiario. Por una parte, manifiestan que «sostienen» el valor del dólar con sus compras oficiales (o se iría muy abajo de esto) pero le hacen una película de país de la cortina de hierro), al que quiere comprar -vender- algún papelito verde de modesta nominación. Si está tan flojo, déjenlo libre de verdad y que busque su propio nivel. ¿O estará maniatado a fuerza del látigo? Ponerse de acuerdo, dejar de profetizar y arremangarse, dejar que los hechos hablan por sí mismos. Tres postulados mínimos, que no rigen para los que llegan a la esfera de gobierno...

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