El inconcebible episodio de días pasados, con la norma sobre dolarizar las deudas empresarias (y la marcha atrás) solamente confirman lo que todo ciudadano medianamente dispuesto a ver la realidad, puede corroborar: que no se trata de un «gobierno de transición», el que nos ocupa, sino -simplemente-un «gobierno de confusión». Pero, todo parece seguir pasando de largo en medio de anestesias duraderas y que toman como hecho normal, aquello que resulta una peligrosa improvisación, una suerte de tirar perdigonadas para que algún balín le pegue al blanco deseado.
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Y encima, se ofenden cuando las misiones del FMI le objetan cuestiones, después de observar problemáticas que espantarían a cualquiera. De todos modos, se le ha formado como un cerco de seguridad a semejante modo de manejar nuestros intereses nacionales: son muchos los economistas, analistas, de cierta nombradía, que se alinean en pasar lo negro por blanco y hasta catapultar a funcionarios que han sido privilegiados, más que por sus planes, por una aleación de hechos naturales que jugaron en función de crear el miniclima de la «estabilidad». Y estamos estables, tan estables que nada de fondo se ha cambiado, y algunas de las graves fallas se acentuaron (como la de tomar medidas, cambiar reglas de juego, crear convulsiones y, después borrar de inmediato lo escrito si hay mucha contra). Mientras la Bolsa se dilata, o se encoge, a gusto de los que hoy en día la pueden gobernar, en favor de los muy bajos montos y participantes, al ritmo de situaciones que plantean nubes un viernes y sol pleno un lunes, aquella fórmula del «Ave María» (que viene del boxeo, pero la adaptamos a los inversores) bien se puede extender a las próximas elecciones. El carnaval político casi obligará a tener que elegir mediante el sistema del «Ave María» (cada uno, poner su voto... y rezar). Pues bien, a estas joyitas de episodios que se repiten semana tras semana, hay muchos dispuestos a llamarlo «un país en recuperación» (para los altos funcionarios, ya «estamos en el crecimiento). Con lo cual, se desvanece toda expectativa de que aquellas cuestiones de fondo tan desviadas, puedan querer ser variadas por gobernante alguno. Y se perdió la posibilidad de hacerlo con un país en llamas, clamando por cambios, ¿qué puede esperarse, cuando también cierto consumo mayor del ciudadano, parece estar avalando la gestión? La Bolsa, para tratar de responder a la pregunta del ¿por qué sube?, se hace de una materia que contiene la democracia en estado de pureza. Allí, las mayorías ganan y no se puede discutir con el mercado en el sentido de que «El» precio: es el que dice el panel. Cuando hablamos de «gobernable», está referido a que en una plaza de escasas dimensiones, algunos inversores de fuste -como el institucionalpuede ponderar lo suyo de modo decisivo. Lo que se corrige: con más volumen. (Si la mayoría piensa en una dirección, hacia ella irán los precios: al margen de argumentos que puedan discutirse...). Informate más
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