La Bolsa, accionaria, retomó el ascenso después de una pausa digestiva del viernes y parte del lunes. Se volvieron a cargar tintas sobre la plaza de Comercial, se sumó a Renault, se concretaron negocios por unos $ 30 millones para nuestras acciones, en tanto los anodinos certificados actuales -los CEDEAR-, apenas levantaban 10% de lo realizado por el otro segmento. Las tasas seguían viniendo en picada, el dólar se adormecía en torno de marcas reconocidas y tomadas como cerca de un piso virtual, mientras las primeras planas de los diarios hablaban de una decisión de pago de parte de las autoridades locales al FMI y otros organismos, con la promesa de que se firmaría el tan gastado acuerdo y que le devolverían casi 1.000 millones de dólares, de los utilizados para los pagos. Se irían u$s 2.500 millones, volverían u$s 1.000 millones y una suerte de «anotame», por aquellos otros pagos que no se desean afrontar. Todo esto, más o menos, y algunos condimentos insólitos de los que suelen circular en la prensa veraniega, resultaban la introducción al centro de la semana en Buenos Aires... Los precios otra vez puestos a ganar terreno, como haciendo de marco a sociedades que no podrán reflejar inflación en sus balances y -encima- subirán a pagar 35% en el Impuesto a las Ganancias. Retorno a un IVA de 21%, y un cerco fiscal que pro-mete numerosas novedades a lo largo de un año donde prometieron recaudar lo que nadie -sensatamente- les cree. Es difícil que los argumentos contables se dignen aumentar respaldos, a una línea de cotizaciones que no cede más que de a ratos y que busca nuevas alturas, aunque deba -como esta vez- pagar dos veces por el mismo terreno. Los encogimientos duran muy poco, el filtrado y depuración se esfuma prestamente, los «precio/utilidad» deberán ver ampliados sus rangos: porque no hay balance capaz de sostener un ritmo de crecer continuo, y notorio, en los papeles.
Por allí, en un diario como «The Financial Times» se deslizaban críticas al acuerdo, en virtud de lo que algunas veces decíamos por aquí: ¿qué pasará con otros deudores que se den el gusto de caer en default y, después, busquen apoyos políticos para obligar al Fondo? El escenario, atado con alambres, para unas elecciones que están a un par de meses vista y todo el carnaval de candidatos que hoy son, mañana les bajan el pulgar, y nadie sabiendo -de alguna manera certera-hacia dónde estamos caminando. Si de un «gobierno de confusión» a otro de «dispersión», o bien, a ciertas propuestas creíbles adentro y afuera. Con el debido respaldo en los votos y en las fuerzas políticas que queden perdedoras. No conviene tirar líneas hacia adelante, más vale entretenerse con el presente y algunas señales del momento -como las nombradas arriba- para extraer de allí las siguientes causales de nuevas subas. Mejor, no piense. Sienta. O intuya.
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