17 de junio 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Mientras el señor Lavagna enviaba al periodismo a corregir sus términos -desde que consultó a un diccionario y advirtió que «weawer» está mal empleada- y olvidando que toda inserción de palabrejas financieras inglesas suele venir desde los mismos funcionarios-economistas, la Bolsa explotaba en actividad y hacía chirriar al sistema del SIB, uno de los muchos en el país que ha vivido con alta «capacidad ociosa» por estos años. Si bien al pasarlo a dólares la impresión se suaviza, los $ 80 millones actuados solamente en papeles particulares, del viernes: dan para el recuadro. El verdadero problema es intentar descifrar de qué tipo de capitales se forma una suma, que estaba desusada en nuestro recinto. De dónde procedieron órdenes que se llevaron más de 20 millones de efectivo en una muy raleada plaza de Pérez Companc, apartada del ruido alcista de varias semanas. Cómo es que le dieron tanta «manija» en pocos días a algunos sectores -como el bancario- trepando a los saltos de veinte, treinta, hasta cuarenta por ciento. Si el grueso proviene de afuera, sabemos que las golondrinas llegan con cierto ámbito agradable y parten en cuanto asoma el frío. Estas «golondrinas» financieras llegan al revés, con el invierno en las calles: pero, con calorcito de recinto porteño, que estuvo preparando el hogar con esmero y puntilloso tejido. Lo demás, es un montarse sobre el movimiento, cauciones, potenciar las compras y tratar de ganarle la carrera de salida a las golondrinas. Más difícil es suponer un componente inverso, donde resulte un movimiento basado en lo local. Sabido que el «gran público» sigue al margen de lo que pase en nuestra Bolsa, todo se concentra en juego de «City» y de dineros, temporalmente flotante. Lo demás, lo podía hacer el propio mercado, reducido en sus dimensiones, con bastante sequedad debajo de ciertos pisos y ya reacomodado a tratar de mirar el nuevo mandato como si hubiera sido: «El Elegido». Tan velozmente cambian las preferencias políticas en el ambiente de la cumbre, no debe extrañar que una plaza bursátil realiste a sus fuerzas, después de leer esos «índices de confianza» que se dispersan en ascensos.

La rueda del viernes, el fin de semana para pensar, bien largo, esa «exuberancia» de volumen, pero junto con una marcha atrás de los precios de ese día, tendrá que producir en este período nuevos movimientos: para descifrar la situación. Suena a razonable que seguir colocando aumentos de volúmenes, para ampliar la absorción, conlleva compromisos difíciles de poder sostener en el tiempo. Pasa por
la oferta llevar adelante las ruedas que se vienen y el perfil de una plaza que quiera mostrar solidez: tendría que deparar ruedas bastante más tranquilas en órdenes, asegurando que los escalones se han ganado y que el vendedor tomó la utilidad puntual y espera para la recompra. De lo contrario, la Bolsa reconoce sólo una variable de ajuste, y es la rebaja de cotizaciones, hasta hallar al comprador. Lo que sí puede prometerse es que no faltarán emociones.

Dejá tu comentario

Te puede interesar