Sabido que los dólares «grandes» deben solicitar permiso para poder salir del país, ahora, con la cláusula para los que quisieran tener intenciones de entrar da la sensación de haberse forjado un nuevo y gran «corralón»: el de las divisas manejables en el mercado interno. Una caja que pretende ser dominable, en un sistema que está controlado en su entrada y en su salida. Con temores a que esto crezca o que vengan a tratar de colocar capital porque la tasa local es alta, respecto de la muy baja a que ha llegado en Estados Unidos. Como si el que va a entrar dinero solamente piense en la renta, yendo a elegir países de «alto riesgo» en cualquier otra condición que se quiera confrontar. Y estamos dentro de la nómina de países con una faja colorada diciendo: «danger». La nueva disposición solamente alienta a tener más recelos sobre nuestro mercado. Y cuando se está tratando de identificar hacia qué rumbo irá el nuevo catecismo político instaurado, la muestra de una medida sorpresiva como la tomada habilita a que se piense en otras normas, que sigan modificando el marco a qué atenerse si se ingresa en el país.
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La Bolsa respondió al día siguiente de la novedad como un mercado que fue tomado por sorpresa también, que venía con muy buenos rendimientos para poder atrapar la ganancia y estudiar los alcances de lo decretado, y como lo que es: un circuito de «riesgo puro», sin ningún tipo de red para atajar sus fluctuaciones, y que primero piensa con las piernas, después aplica la cabeza. Todo muy típico, muy ortodoxo, pero al caer casi 7% en una rueda, ganó la primera plana en los medios escritos, subió arriba del podio de los noticiarios y debió soportar lo que es un clásico: que le bajaron líneas desde los periodistas políticos hasta los de deportes o de espectáculos. Una sarta de gansadas hubo que estar oyendo, a partir del clásico sello de «La Bolsa es una timba...», el viejo paraguas con el que se suelen cubrir los recorridos que no gustan a los oficialistas, aunque se llenen la boca mencionando «la alta muestra de confianza...» en el gobierno, si es que se produce una suba de igual proporción. Para los que no conocen qué es un mercado y a qué estímulos responderá, la calificación de «timba» corresponde, si es que una Bolsa baja más allá de lo que parece habitual. Si sube, como si la estuvieran hirviendo, es «inversión», de última: «especulación». Esa baja del jueves recreó los peores conceptos de quienes tienen reconocidos sus blancos fijos, para echar las culpas de torpezas que se come-ten. Obligar a dejar capital foráneo por seis meses, donde parece todo una eternidad y apenas se quiere ver algo claro entre las ruinas, es un mensaje concreto: «No vengan, no nos interesan».Y esto no puede gustarle a un mercado que no tiene lubricación alguna en el crédito local y que viene siendo un indicador netamente favorable en un país donde todo está por hacerse. Convendría que se pregunten: si no es que la Bolsa reaccionó de modo sensato, ante una medida equivocada. Quién les dice... Informate más
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