30 de septiembre 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

«Dualidades argentinas», buen título para un noticiario de actualidad y donde se pueden lograr materiales para ocupar todos los espacios hacia una tendencia política y económica, como para hallarle el antónimo al hecho. Uno de tantos: desgañitarse llamando fondos «buitres» a los que tienen papeles de deuda argentinos y hacen juicio y después, concederle una entrevista inmediata al mayor de los «buitres» modernos de todas las economías del mundo: George Soros. Que ahora, según promete, dice querer reingresar por el lado de la industria láctea: obviamente, un nicho que ante la crisis de ese sector puede alentar a todo «buitre» de excelente vista para detectar dónde hay moribundos. Se habla del «financista» y hasta se le soportan ciertos interrogatorios acerca de los pasos que se piensan dar en el país, casi un repaso de los temas que crean erupción en los funcionarios cuando algún nativo del suelo que gobiernan se atreve a preguntar.

Gobernantes realmente serios y duros, como aparentemente también son revisionistas del pasado, no deberían ni atender por teléfono a ciertos sujetos del mundo que han hecho desastres por donde pasaron. Al menos pedir un repaso de todo el «currículum» que acompaña a quienes suelen presentarse ante cada nuevo gobierno pretendiendo estar con él. Y tendiendo nuevos puentes para montar lo suyo. Hasta que ven que todo tambalea, se retiran unos pasos y ayudan a voltear al que les dio de comer en la mano.

Por otra parte, mientras los indicadores del INDEC -ahora directamente bajo la supervisión de Lavagna-se encargan de dispersar los números de la prosperidad que se vive, uno de los más importantes empresarios del país, Pagani, no tiene reparos en advertir que esto de seguir viviendo sin crédito «puede terminar en que no haya posibilidad de cambiar el auto...». Pero en la misma entrevista con Soros, donde el «financista» no dejó de jugar la carta por la compensación bancaria, Kirchner ejercitó una defensa sumamente original: «No, porque en cuanto les demos compensaciones, se van...». Esto debería entenderse como el tener entidades cautivas, pero ¿para qué pueden servir semejantes rehenes, si el deseo de participar lo han perdido? En fin, continúa el batido de ideas cada semana -con alguna rodajita de limón, que suelen agregar los voceros principalesy esos
tragos cortos parecen que le están cayendo bien al circuito bursátil. Ora por esto, ora por aquello, bueno, malo, regular, sinónimos o antónimos, todo parece que entra por una punta de las conclusiones y sale por la otra convertido en «hamburguesas» para saborear con optimismo. En una semana donde todos se caían, el Merval sumó 3,6% de aumento, mientras el vecino tenía que digerir 6% de baja. Un lapso fenomenal para colocar debajo del microscopio y poder analizar los pormenores que están moviendo las fuerzas del mercado. Debe de haber argumentos interesantes...

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