Siguen, ahora más espaciadas porque las necesitan, las críticas oficiales hacia las empresas privadas. Sería interesante una reflexión a tiempo, porque en el mundo todo ha sido ya probado en tren de querer rehabilitar economías y sociedades en crisis. Y han quedado principios acuñados, que resultan verdades a gritos. Por ejemplo, la idea que dispersó Samuel I. Gompers, que dice: «El peor crimen contra la clase trabajadora, es una compañía que no tiene ganancias...». Tal como está construida la frase, tiene un cierto dejo a búsqueda explosiva, para dinamitar creencias opuestas y que tanto pululan por nuestro medio actualmente. Y es así. Y lo logra, es tan certera y eficaz, como la dinamita. No le busque la vuelta, la compañía que da ganancias es la que da trabajo y, de allí en adelante, todo ese círculo virtuoso que buscan desesperadamente por otras vías equivocadas.
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Pero, es muy probable que Winston Churchill haya dado con la respuesta cuando apuntó aquello de: «Los socialistas creen que tener ganancias es un vicio...» Y remataba con: ...«yo creo que el verdadero vicio, es tener pérdidas». Alguna vez también había definido a los izquierdistas entusiastas, comparándolos de un modo notable y aseverando que «son como Colón, cuando parten no saben dónde van y, cuando llegan, no saben dónde están...». ¿Cuántos Colón pueden hallarse, en la vorágine de la moda actual y donde muchos, hasta de la derecha extrema, están haciendo cursos acelerados de socialismo a la criolla. De mercenarios políticos, e ideológicos, está llena la plantilla de notables argentinos del último cuarto de siglo. Y hasta vemos casos de viajes redondos, de los que se embarcaron en aquel fugaz estilo del «socialismo rosa» --pe-rimido velozmente en Europa-de los '80, para retornar ahora al mismo puerto, con cansadas naves: pero con igual codicia. De pensamientos breves, pero justos, se podría hacer un decálogo del gobernante. A lo de antes, podría agregarse lo dicho por Oscar II, de Suecia: «Prefiero que mi pueblo se ría de mis economías y no que llore por mis extravagancias...». Cuando se advierten ciertos singulares consensos, como los que contemplaron pasivamente de qué modo se esquilmaba a los ahorristas e inversores, esto no resulta algo inexplicable. George B. Shaw lo resumió bien: «Un gobierno que le roba a Pedro, para pagarle a Pablo: siempre puede contar con el apoyo de Pablo» (realidad vivida). Claro que no todo es sencillo cuando se llega al poder, en un país convulsionado como el nuestro, desconcertado, donde hay tantas ideas cruzadas y opuestas. Por algo Carl Icahn acuño el diagnóstico de: «En los negocios de poder, si usted quiere tener un amigo: cómprese un perro...». Pero gobernar con prepotencia es una tentación de la que cuesta evadirse, aunque se hagan enemigos al paso. Sería conveniente que ahora se recuerde: «No insultes a la madre caymán, hasta después de que hayas cruzado el río...» (proverbio de Haití). Informate más
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